Héctor Soto #EnVivo (@Hectorsoto8) header
Héctor Soto #EnVivo (@Hectorsoto8) profile picture

Comunicador, ambientalista, amigo de los amigos. Creo en Dios y en la familia. Aquí nada es personal. Nos vemos en 11:11 por @Envivotvmx

Durango, México
Joined September 2010
Photo by Héctor Soto #EnVivo (@Hectorsoto8)Photo by Héctor Soto #EnVivo (@Hectorsoto8)Photo by Héctor Soto #EnVivo (@Hectorsoto8)Photo by Héctor Soto #EnVivo (@Hectorsoto8)Photo by Héctor Soto #EnVivo (@Hectorsoto8)Photo by Héctor Soto #EnVivo (@Hectorsoto8)Photo by Héctor Soto #EnVivo (@Hectorsoto8)
¡Atención, jóvenes! #Durango convoca al Sorteo del Servicio Militar El sorteo se realizará el domingo 8 de noviembre, a las 7:00 de la mañana, en el Polideportivo 450 del Parque Guadiana. Los conscriptos de la clase 2008 y remisos deberán presentarse con su media cartilla militar. La Secretaría del Ayuntamiento de @DurangoCap convocó a los jóvenes de la clase 2008 y remisos que tramitaron su cartilla del Servicio Militar Nacional durante este año a participar en el Sorteo Anual, programado para el próximo domingo 8 de noviembre. El procedimiento se llevará a cabo a partir de las 07:00 horas en el Polideportivo 450, ubicado en el Parque Guadiana, por lo que las autoridades solicitaron a los convocados acudir puntualmente y llevar su media cartilla militar. El sorteo forma parte del proceso del Servicio Militar Nacional, mediante el cual se determina la modalidad en que los conscriptos cumplirán con sus obligaciones militares. La Secretaría del Ayuntamiento reiteró el llamado a los jóvenes para atender esta convocatoria y evitar contratiempos durante el procedimiento. #EnVivoTvMx #ServicioMilitarNacional #Durango #HéctorSotoEnVivo
29
Héctor Soto #EnVivo retweeted
#Durango de los Saguaros parece todo menos una ciudad capital, si se esmeran, todavía pueden convertirla aunque sea en un pueblo mágico.👌
1
2
2
53
Vamos a mejorar imagen e infraestructura del Corredor Constitución: @nachoorrantedgo “Lo lograremos con un proyecto que metí en el Presupuesto Participativo”, afirma el coordinador de los regidores panistas. La propuesta contempla renovar el mobiliario urbano, iluminar templos históricos y fortalecer el atractivo turístico del Centro Histórico de Durango. El coordinador de los regidores del PAN, Nacho Orrante, aseguró que busca transformar la imagen e infraestructura del Corredor Constitución mediante un proyecto que presentó al Presupuesto Participativo, con el propósito de mejorar la fisonomía de este emblemático espacio de la capital duranguense y fortalecer su vocación turística y comercial. La iniciativa contempla homologar macetas, mobiliario urbano y otros elementos del corredor, para ofrecer una imagen más ordenada y uniforme. “Lo lograremos con un proyecto que metí en el Presupuesto Participativo”, expresó Orrante, quien destacó la importancia del respaldo ciudadano para concretar las mejoras. El proyecto también incluye la iluminación arquitectónica del Templo de Analco, cuyos orígenes se remontan a mediados del siglo XVI, y del Templo de San Juanita, como parte de una estrategia para rescatar y aprovechar el patrimonio histórico de Durango. Orrante explicó que trabaja en la creación de un circuito turístico de templos históricos, en coordinación con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que permita generar nuevos atractivos para los visitantes, impulsar la actividad económica y consolidar al Corredor Constitución como uno de los espacios turísticos más representativos de la ciudad. #EnVivoTvMx #NachoOrrante #Durango #HéctorSotoEnVivo
1
64
Héctor Soto #EnVivo retweeted
¡ Que grave es esto ! Santiago Nieto admitió implícitamente que López Obrador le dio la orden... ¡ de perseguir opositores ! Y acusó a Pablo Gómez que él... ¡ si perseguía periodistas ! Disfruten.. 👇
144
5,232
68
8,047
111,403
DE LA HOGUERA AL MUSEO: LAS BRUJAS QUE DURANGO NUNCA OLVIDÓ Por Héctor Soto Hay algo profundamente revelador en lo que está ocurriendo en Durango. Una exposición dedicada a las brujas ha despertado tal interés que conseguir un espacio para visitarla se ha convertido en una tarea complicada. El Museo Palacio de los Gurza recibe a quienes desean acercarse a un universo de misterio, persecuciones, creencias y relatos que durante siglos provocaron temor. La exposición lleva por nombre Malleus Maleficarum, una expresión latina que significa El martillo de las brujas. Y detrás de ese título existe una historia mucho más inquietante que cualquier representación de hechizos, conjuros o supuestos poderes sobrenaturales. Pero antes de entrar al museo, vale la pena hacernos una pregunta: ¿qué estamos buscando realmente los duranguenses en esta exposición? ¿Conocimiento histórico, entretenimiento, curiosidad o la fascinación que todavía sentimos por aquello que no podemos explicar? Quizá la respuesta esté mucho más cerca de nosotros de lo que imaginamos. Durante siglos, la palabra bruja fue suficiente para despertar sospechas, condenas y persecuciones. En la Europa de finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna, determinadas interpretaciones religiosas, creencias populares y estructuras de poder contribuyeron a construir una figura asociada con el demonio, la herejía y las desgracias de la comunidad. En 1487 apareció el Malleus Maleficarum, una obra que contribuyó a legitimar la persecución de personas acusadas de practicar brujería, especialmente mujeres. Su contenido ayudó a alimentar una de las etapas más oscuras de la intolerancia europea. Sin embargo, detrás de aquella palabra se escondían realidades profundamente distintas. Había personas que practicaban rituales y magia popular; otras conocían remedios tradicionales, plantas y formas comunitarias de curación. También hubo mujeres y hombres que jamás realizaron práctica alguna y terminaron señalados por conflictos personales, supersticiones o simples acusaciones. No todas eran brujas. Muchas ni siquiera se reconocían como tales. Pero alguien decidió llamarlas así. Y aquí aparece una de las reflexiones más importantes de esta historia: quien tiene el poder de contar los acontecimientos también tiene el poder de decidir quién será recordado como héroe y quién como monstruo. Durante generaciones conocimos a las brujas principalmente a través de los relatos de quienes las persiguieron. Escuchamos las acusaciones, los juicios y las condenas, pero pocas veces tuvimos oportunidad de conocer la voz de las acusadas. La historia, como sucede después de tantas guerras, suele conservar con mayor fuerza la versión de quienes ejercieron el poder. Ahora bien, traslademos esta reflexión a Durango. Nuestra tierra, fundada como ciudad en 1563, tiene más de cuatro siglos de historia y una relación profundamente arraigada con las creencias populares, los remedios tradicionales y las prácticas espirituales transmitidas de generación en generación. ¿Quién no recuerda a una abuela que, después de un susto, recomendaba una barrida con pirul? ¿Cuántos duranguenses crecieron escuchando historias sobre limpias, rezos, remedios, piedras, fuego o personas que tenían el supuesto don de aliviar determinados males? Aquellas prácticas no formaban parte de una exposición. No estaban detrás de una vitrina ni necesitaban iluminación especial para despertar interés. Ocurrían en las casas, en los patios, en las comunidades rurales y en la intimidad de las familias. Para algunos eran supersticiones. Para otros, actos de fe. Para muchas personas, representaban una tradición heredada de sus padres y abuelos. Y aunque sería incorrecto llamar brujería a todas esas expresiones, tampoco podemos ignorar que forman parte del mismo universo cultural en el que conviven la curación tradicional, la religiosidad popular y las creencias en fuerzas invisibles.
1
66
Durango tiene, además, un referente particularmente interesante: San José de Tuitán, en el municipio de Nombre de Dios. El nombre de esta comunidad ha estado asociado en el imaginario regional con curanderos, limpias, trabajos espirituales y personas a quienes se atribuyen conocimientos especiales. Durante generaciones, los relatos sobre Tuitán han circulado entre familias duranguenses. Hay quienes hablan de visitas para buscar alivio, protección, orientación o soluciones a problemas que consideran fuera de lo cotidiano. Independientemente de la interpretación que cada persona tenga de esas prácticas, existe algo que merece nuestra atención: detrás de ellas hay historias humanas, tradiciones comunitarias y una memoria cultural que pocas veces ha recibido el interés de nuestras instituciones. Y entonces surge una contradicción extraordinaria. Hoy hacemos fila para conocer una exposición cuya narrativa histórica procede, en buena medida, de Europa. Nos atraen sus personajes, sus objetos, sus representaciones y el misterio que rodea a las mujeres acusadas de brujería hace siglos. Pero ¿cuántos conocemos realmente la historia de nuestras propias curanderas? ¿Cuántos sabemos quiénes fueron las mujeres que conservaron conocimientos tradicionales en las comunidades de Durango? ¿Cuántos testimonios se han perdido porque nunca consideramos importante escucharlos? Tal vez hemos estado buscando a las brujas demasiado lejos. La exposición del Museo Palacio de los Gurza tiene el mérito de abrir una conversación que trasciende sus salas. Su atractivo nos permite mirar una historia de persecuciones, prejuicios y creencias que sigue despertando curiosidad. También plantea interrogantes sobre la manera en que los museos presentan estos temas. Las experiencias inmersivas, los sonidos, las representaciones y los recursos audiovisuales pueden acercarnos a otras épocas, pero deben permitir distinguir entre documentos históricos, interpretaciones artísticas, leyendas y prácticas espirituales. Porque una cosa es conocer la historia de la brujería y otra muy distinta convertirla únicamente en espectáculo. Y no se trata de cuestionar el derecho de nadie a creer o dejar de creer. Tampoco de negar el valor cultural de una exposición internacional. Se trata de preguntarnos qué hacemos con nuestra propia historia. ¿Por qué no imaginar una exposición dedicada a las curanderas, rezadoras, parteras tradicionales y personajes vinculados con las creencias populares de Durango? ¿Por qué no recuperar testimonios de Tuitán y de otras comunidades? ¿Por qué no documentar las prácticas, los relatos, los objetos y las historias de quienes formaron parte de esa tradición? No para atribuirles poderes que no podemos demostrar, ni para idealizar indiscriminadamente sus actividades, sino para reconocer que también forman parte de nuestra identidad. Una exposición de esa naturaleza podría reunir historia oral, fotografías, testimonios familiares, objetos tradicionales e investigaciones sobre el papel de estas figuras en la vida comunitaria. Y seguramente descubriríamos que detrás de muchas personas etiquetadas como brujas existieron historias mucho más complejas de lo que imaginamos. Aquí es donde debemos cuidarnos de una vieja costumbre duranguense: el alacranismo clásico. Esa tendencia a reconocer con entusiasmo lo que viene de fuera mientras permanecemos indiferentes ante lo que tenemos en casa. Sería lamentable que una exposición internacional nos despertara una fascinación extraordinaria por la historia de las brujas y, al mismo tiempo, continuáramos ignorando los relatos, personajes y tradiciones que sobreviven a unos cuantos kilómetros de nuestra capital. No se trata de enfrentar lo extranjero con lo local. La cultura se enriquece cuando conocemos otras historias. Pero también se empobrece cuando dejamos desaparecer las nuestras. Quizá el éxito de Malleus Maleficarum sea una oportunidad para que Durango se mire a sí mismo…
1
32
Para reconocer que nuestras creencias populares no nacieron con esta exposición y que, mucho antes de que llegaran las vitrinas, los audios y las representaciones europeas, ya existían personas a quienes nuestras comunidades acudían buscando respuestas. El futuro de esta conversación debería conducirnos a investigar, documentar y preservar esa memoria, antes de que desaparezcan sus últimos testimonios. Porque entre las vitrinas europeas y los caminos de Tuitán existe una historia que todavía no terminamos de contar. Una historia en la que conviven el miedo, la fe, la persecución, la esperanza y la fascinación por lo desconocido. Ayer, en distintas sociedades, se persiguió a las brujas por temor. Durante generaciones, otras comunidades acudieron a quienes recibían ese nombre buscando alivio. Hoy, en Durango, hacemos fila para conocer su historia. Y quizá la pregunta más importante no sea si las brujas existieron o si todavía existen. La verdadera pregunta es por qué hemos aprendido a admirar las historias que vienen de lejos mientras dejamos en el olvido a quienes formaron parte de nuestra propia tierra. Porque quien cuenta la historia puede definir al monstruo, pero quien recupera las voces olvidadas puede cambiar para siempre la manera de entenderlo.
12