
Cuenta oficial de pastora Sonia Luna, esposa del @PastorCashLuna, quienes dirigimos @CasadeDios en Guatemala.
Guatemala
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Dios puede abrir las puertas para que veas Su respaldo, sin importar la circunstancia que estes viviendo en este momento. Él está contigo y te sacará de esa difícil prueba, solo debes acercarte con humildad y creer en Sus promesas.
La oración nos ayuda a confiar firmemente en que Dios nos sostendrá en medio de cualquier prueba que se presente. Es importante que reconozcamos Su soberanía porque Él ya sabe que acontecerá en la vida de cada uno de Sus hijos.
La presencia de un padre no depende únicamente de la cantidad de horas disponibles. También depende de la calidad del corazón con que se ofrece ese tiempo.
Filipenses 4:6-7 dice: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Cuando una mujer comprende que es hija de Dios, el corazón empieza a ordenarse de otra manera. El pasado no desaparece, pero deja de gobernar. La carencia pierde autoridad. Y la herida comienza, poco a poco, a sanar. Su historia empieza a mirarse desde la restauración.
Dios ve a la mujer que eres hoy, pero también a la hija que has sido. Ve a la que sirve, a la que trabaja, a la que cuida a todos, a la que sostiene una casa o un ministerio. Y también ve esa parte de la historia que todavía necesita consuelo.
Un hijo necesita más que estructura. Necesita saber que cuenta con alguien, sentir que su vida importa, que sus preguntas tienen espacio, que su alegría es celebrada y que sus luchas no pasan desapercibidas.
Si necesito ayuda para enfocarme, la pido. Si tengo muchas cosas en la cabeza, trato de concentrarme en una sola. Si me siento sin fuerzas, no me quedo alimentando esa sensación durante todo el día.
No necesitamos convertir la intimidad en un lugar de castigo. Puede convertirse en el lugar donde volvemos a la verdad.
Hay momentos donde quizá sentimos que no tenemos una fuente de amor cerca. Pero Dios sigue siendo amor. Y muchas veces Él utiliza a alguien para recordárnoslo: una persona de la familia, un amigo, alguien que aparece en el momento indicado.
Hay decisiones, etapas y situaciones en las que como mamá quisiera saber exactamente qué hacer. Mi esposo y yo hemos tenido que pedirle a Dios sabiduría para hablar, corregir, acompañar y saber cuándo intervenir.
Hay algo muy sano en decirle a Dios exactamente lo que queremos. Él conoce nuestro corazón de todos modos. Podemos hablar con sinceridad, pedir, llorar, insistir y volver a pedir.
Cuando estamos muy preocupados, podemos querer preguntar constantemente, volver a hablar del mismo tema o buscar que la persona finalmente haga lo que nosotros creemos correcto. Y eso puede terminar afectando la relación.
Amar a alguien no significa evitarle todas las consecuencias de sus decisiones. Significa que puede saber que cuenta con nosotros mientras aprende, crece y camina su propio proceso.
A veces creemos que porque vemos algo con claridad, necesariamente sabemos cuál es la mejor decisión para otra persona. Pero nuestra perspectiva también es limitada.
Podemos acompañar sin controlar. Podemos estar disponibles sin perseguir. Podemos seguir orando aunque la decisión no sea la que hubiéramos tomado.