
Muy de derechas. Más concretamente, paleolibertario. A veces me paso por @vloonk a soltar mis reflexiones (mientras me dejen).
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Dado que está teniendo buena acogida, os comparto de nuevo mi artículo sobre por qué voy a votar a Vox, por si a alguien le interesa y aún no lo ha leído.
POR QUÉ VOY A VOTAR A VOX: DEL PURISMO LIBERTARIO AL PRAGMATISMO
Quienes me leen saben bien en qué coordenadas me muevo: soy liberal-libertario. A saber, anarcocapitalista en lo filosófico y minarquista en lo político. Y saben también que he sido siempre muy crítico con Vox, hasta el punto de tildarlos en alguna ocasión de socialistas de derechas. Pero hoy escribo para proponer algo que nos cuesta a los liberales-libertarios: un ejercicio de pragmatismo.
La otra opción natural para alguien de mis convicciones, el Partido Libertario, ha sido siempre invotable. No hay mucho más que añadir; quien conozca su trayectoria sabrá que no exagero. Y siendo eso así, el liberal que dispersa su voto en el vacío no está preservando su pureza intelectual: está, con su escrúpulo, allanando el camino a quienes no tienen ninguno.
Empecemos por lo que Vox propone —al menos en el plano discursivo— y que debería ser, en rigor, música para cualquier liberal no dogmático: reducción drástica de impuestos, adelgazamiento de la burocracia, recorte del gasto público y una reforma de las pensiones necesaria. Tienen además un muy buen programa de vivienda y, lo que quizás es más llamativo, algo que en la política española escasea de manera alarmante: gente, y encima joven, con sustancia intelectual, en un mundillo donde la mediocridad es, tristemente, la norma. Carlos Hernández Quero y José María Figaredo son dos perfiles que merecen atención; el primero, en particular, es un intelectual como pocas veces hemos visto en este país ejercer la política.
Luego está la cuestión migratoria, que es donde más incomodidad genera este partido en los círculos liberales más doctrinarios. Vox habla sin ambages de los peligros de la inmigración masiva. Y tienen razón en hacerlo. Muchos liberales-libertarios menos dogmáticos, como es mi caso, compartimos esa preocupación. Está más que demostrado que la inmigración masiva presiona a la baja los sueldos en ciertos sectores, erosiona la cohesión social y colapsa unos servicios que hoy gestiona el Estado, como la sanidad y la educación, que ya están al límite. Y en materia de vivienda, el argumento es demoledor: es matemáticamente imposible resolver el problema si cada año incorporas 600 000 nuevos demandantes al mercado. Construyas lo que construyas, no llegas.
Los liberales siempre estamos con que si Mercosur, con que si el giro estatalista, buscándole defectos a todo lo que se aproxima a nuestro espacio. Y lo curioso es que yo, que he seguido a Vox mucho, he visto que en lo sustancial defienden las mismas cosas de siempre. Pero el liberal tiende a la insatisfacción permanente.
Los izquierdistas, aunque muchos no comulgarán del todo con el PSOE y conocen de sobra la corrupción del partido, tragan con ello sin pestañear. Nosotros, en cambio, seguimos esperando al candidato platónico mientras el país agoniza. Y así no hay manera. Los derechistas de verdad debemos unirnos para sacar a Pedro Sánchez y obligar al PP a que pacte con Vox: es lo único que merece la pena.
No podemos seguir atrapados en la misma rueda: el PSOE se carga el país, el PP recoge los escombros sin atreverse a tocar nada y el PSOE regresa con renovadas ganas de quemarlo todo. Llevamos décadas así. Perpetuar ese ciclo es, sencillamente, una irresponsabilidad.
Cargarse el establishment requiere valor y requiere aguantar mucho, más de lo que la mayoría imagina. Lo demuestra el grandísimo Javier Milei en Argentina, que tiene que sostener una resistencia formidable contra todo y contra todos. Vox no es Milei, y sería un error confundirlos. Pero es el único partido grande que apunta en esa dirección. Así que, con plena conciencia de las distancias que me separan de algunos de sus planteamientos y sin ninguna intención de convertirme en propagandista de nadie, daré mi voto a Vox. Porque lo suficientemente bueno aplicado con convicción vale infinitamente más que lo perfecto que nunca llega.
La opinión de Manuel Rodríguez (@Rodriguez8Manu).
Manuel Rodríguez retweeted
España tenía un sistema ferroviario del que sentirse orgullosa.
El sanchismo lo ha degradado. Cuando fallan los sistemas de seguridad, cuando se recorta en mantenimiento y se prioriza lo ideológico, pasa lo de Urda.
No callaremos. Que nadie utilice el luto para tapar la negligencia.
Manuel Rodríguez retweeted
Veo mucho revuelo con este tweet. Gente de ciertos países afirmando que en estas condiciones no vendrían a España.
Lo van entendiendo.
Todo aquel que quiera entrar a España como turista desde fuera de la UE:
- 15.000 euros de depósito, a devolver tras verificar la salida del espacio Schengen.
- 60 días de visado. Orden automática de detención y puesta a disposición judicial para firmar la expulsión si el día 61 no se verifica la salida.
Este discurso estaría de maravilla en 1998, cuando la población inmigrante no llegaba ni al 2 %. Hoy, con 10 millones de extranjeros, principales responsables del encarecimiento desorbitado de la vivienda y del deterioro de los servicios públicos, ese discurso ya no se sostiene.
Replying to @CarlosHQuero @fran_suspendido
Es evidente que los jóvenes españoles no se marchan a Australia por culpa de un ingeniero japonés que venga a trabajar.
Los jóvenes españoles se marchan por la falta de oportunidades, debida a muchos factores (vivienda, mercado laboral, productividad, impuestos…). Todo eso es lo que hay que reformar. También, por supuesto, la política migratoria.
Existen países prósperos con inmigración. Incluso países que se hicieron ricos gracias a buena inmigración.
Lo que no existen son países prósperos gracias a deportar masivamente y cerrar las fronteras a absolutamente todos.
Algún día vuestros socios gobernarán en Europa, comprobaremos el fracaso y se desinflará el globo.
Buscaréis excusas y moveréis la portería.
Al tiempo.
Manuel Rodríguez retweeted
Han detenido al lider y ha resultado ser m0ro. Ya podéis dejar de inventaros cuentos.
Manuel Rodríguez retweeted
Disculpad mi opinión de extrema derecha, pero no quiero subir a un tren con miedo a morir, ni caminar por una ciudad española invadida, ni conducir por carreteras dando tumbos, ni esperar 7 meses para que me vea un especialista, ni que haya extranjeros viviendo de ayudas.
Manuel Rodríguez retweeted
Me despierto y veo este vídeo de dominicanos haciendo gestos de armas y diciendo que se van a liar a tiros contra otros defendido como algo positivo por parte de la derecha.
Creo que voy a comprarme 10 hectáreas en el lugar más recóndito de Soria y declarar la independencia.
NO TENEMOS POR QUÉ VIVIR ASÍ
Hace unos meses, durante un debate con otra persona, le advertí de que lo que estábamos viendo en París cada vez que el PSG celebraba un título —que se convierte en una ciudad en guerra, con hordas de extranjeros destrozándolo todo— no tardaría en llegar a España. Que lo tuviera muy claro.
Pues bien, ese momento ya ha llegado. La semana pasada vimos cómo Barcelona acababa destrozada y ahora vemos cómo los comercios de Madrid, pero también de otras grandes ciudades españolas, se ven obligados a tapiar sus escaparates ante la posibilidad de que se repitan escenas similares.
Como también hemos visto en Francia durante estas últimas «protestas», todas estas personas carecen de cualquier reivindicación política. No estamos ante algo parecido al Mayo del 68, que fue absolutamente bananero y que está directamente relacionado con lo que ocurre hoy, pero en el que, al menos, había una ideología detrás y quienes salían a la calle eran niñatos franceses movidos por ella. Esto es distinto. Lo que les mueve es un impulso puramente destructivo, una pulsión por arrasarlo todo, sencillamente porque son unos salvajes.
No se combate el «fascismo» ni se reivindica una educación mejor destrozando el negocio de un pequeño comerciante o robando consolas de un Game y ordenadores de un PcComponentes. Aunque quizá se me escapa algo y las consolas forman parte de algún innovador programa educativo destinado a combatir el fracaso escolar y mejorar los recursos de los centros.
Lo que más me indigna de todo esto es que el Estado, es decir, el Gobierno corrupto y traidor a la patria de Pedro Sánchez, haya renunciado por completo a su función matriz, que no es otra que proteger y defender a sus ciudadanos.
Pero, más allá de todo eso, creo que nos iría bastante mejor si asumiéramos de una vez que a estas personas, y no solo a quienes participan en estos episodios, les importamos absolutamente nada. Les da igual nuestra historia, nuestra forma de vida y nuestros valores. Les da igual que les hablemos de comercio o de respeto a la vida, la libertad y la propiedad. En definitiva, les da igual todo lo que tenga que ver con nosotros. ¡Absolutamente todo!
O es remigración o es la muerte de Europa. Y, por supuesto, también la de España. Y con ella, la de muchos de nosotros.
No tenemos por qué vivir así. No tenemos por qué resignarnos a ver cómo destruyen aquello que hemos heredado de nuestros antepasados y que tenemos la responsabilidad de preservar.
Por Manuel Rodríguez (@Rodriguez8Manu).
En octubre de 2023, la ministra comunista de Trabajo, Yolanda Díaz, anunció que había pactado con Pedro Sánchez, en el marco de las negociaciones para formar un gobierno de coalición con el PSOE, prohibir los vuelos cortos de menos de dos horas y media cuando existiera una alternativa en tren.
«El tren está llamado a ser el transporte del siglo XXI», dijo Díaz en aquel momento.
La medida nunca llegó a materializarse.
La nota preliminar en inglés de la Autoridad Administrativa Independiente para la Investigación Técnica de Accidentes e Incidentes (AITAT) sobre el siniestro ferroviario de Urda no incluye el párrafo que describe una posible «cadena de averías, instrucciones y acciones», recogido en la versión española.
El documento inglés, fechado el 29 de octubre, sí señala que se investigarán las averías del obsoleto sistema de señalización LZB.
Cabe recordar que, pese a su condición de autoridad independiente, la AITAT está vinculada orgánica y presupuestariamente al Ministerio de Transportes, que dirige Óscar Puente.




































