Imagen de una típica vecindad de la colonia Santa María la Ribera en los 70, ubicada en la calle de Jaime Torres Bodet, en la Ciudad de México. La fotografía nos permite conocer parte del ambiente que se vivía en el interior de estos espacios habitacionales, donde varias familias compartían patios y áreas comunes, formando parte de la vida cotidiana de los barrios capitalinos.
Al fondo de la imagen podemos observar parte de la construcción del antiguo Cine Rívoli, uno de los recintos cinematográficos que formaron parte de la historia de esta colonia. Una de sus salidas daba hacia esta misma calle, lo que vinculaba directamente al cine con el movimiento cotidiano de sus alrededores.
El Cine Rívoli destacaba por sus dimensiones, pues contaba con una capacidad aproximada para 1,950 espectadores, distribuidos entre la luneta y el anfiteatro. Además, fue uno de los cines más antiguos de la zona, con una historia que, según los datos proporcionados, se remontaba a 1906. Finalmente, cerró sus puertas en 1992 y, tiempo después, su edificio fue demolido.
Hoy, el paisaje urbano de este lugar es muy diferente al que aparece en la fotografía. La antigua vecindad ya no existe y en su lugar se construyó un edificio de viviendas. Del mismo modo, el Cine Rívoli desapareció, dejando únicamente el recuerdo de una época en la que los cines de barrio y las vecindades eran parte fundamental de la vida cotidiana de la Ciudad de México.
A través de esta imagen, podemos recordar cómo era Santa María la Ribera en décadas pasadas y recuperar la memoria de aquellos espacios que, aunque ya no existen, permanecen presentes en la historia urbana de la capital.
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AGN
Parte 1
Las tradiciones del Día de Muertos en la Ciudad de México han perdurado durante muchas generaciones, conservando costumbres que forman parte de la identidad cultural de nuestro país. Aunque las celebraciones y los preparativos pueden extenderse durante varios días, las fechas más importantes son el 1 y el 2 de noviembre, cuando las familias recuerdan a sus seres queridos que han fallecido.
Entre las tradiciones más representativas se encuentran las famosas calaveritas de azúcar, cuya elaboración se ha mantenido a lo largo del tiempo. Estas piezas, decoradas con colores y motivos característicos de la temporada, forman parte de los altares y las ofrendas, y se han convertido en uno de los símbolos más reconocidos de esta celebración. Su presencia en los mercados y comercios de la capital nos recuerda una costumbre que ha pasado de generación en generación.
Otra tradición importante es la elaboración de artesanías relacionadas con estas fechas. Utilizando materiales como cartón, papel, barro, madera, tela y otros elementos, los artesanos crean figuras, adornos y objetos que representan la muerte de una manera tradicional y festiva. Durante décadas, los habitantes de la Ciudad de México han acudido a mercados y puestos para adquirir estas piezas, que forman parte de los preparativos para celebrar el Día de Muertos.
A pesar de los cambios que ha experimentado la capital con el paso de los años, estas costumbres continúan presentes y siguen transmitiéndose a las nuevas generaciones. Las calaveritas de azúcar, las artesanías y los demás elementos de esta celebración mantienen viva una tradición que une el pasado con el presente y que ocupa un lugar especial en la memoria y la cultura de los mexicanos.
Esta imagen nos recuerda un trágico accidente aéreo ocurrido en 1948, en el Callejón del Órgano, ubicado en el tradicional barrio de La Lagunilla, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
De acuerdo con la información sobre este suceso, una avioneta Beechcraft Bonanza, con matrícula XB-KEX, se estrelló contra la azotea de una vecindad de la zona, provocando el deceso de sus dos tripulantes. El accidente causó gran conmoción entre los habitantes del barrio, quienes presenciaron la movilización de los cuerpos de emergencia que acudieron al lugar.
Tras el impacto, se desplegó un operativo en el que participaron bomberos, personal de auxilio, agentes de la policía y vecinos, quienes se acercaron para conocer lo sucedido y colaborar en las labores que se realizaban en el sitio. La presencia de las autoridades y de los servicios de emergencia convirtió este lugar en el centro de atención durante aquellas horas.
Sin embargo, este no fue el primer accidente aéreo registrado en el Callejón del Órgano. Décadas antes, en 1920, otro avión, perteneciente a la Escuela de Aviación de Balbuena, se estrelló en este mismo lugar, dejando un saldo de víctimas mortales. Dos sucesos trágicos ocurridos en una misma zona, separados por casi tres décadas, quedaron vinculados a la historia de este barrio capitalino.
Hoy en día, la antigua vecindad donde ocurrió el accidente de 1948 ya no existe y en su lugar se levanta otra construcción. De esta manera, las fotografías y los relatos históricos nos permiten recordar acontecimientos que marcaron la memoria de los habitantes de La Lagunilla y que forman parte de los episodios menos conocidos de la historia de la Ciudad de México.
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Esta fotografía, tomada en 1955, nos muestra los daños ocasionados por un incendio en las instalaciones de la fábrica de sombreros Tardan, una empresa con una larga tradición que se remonta al siglo XIX y que forma parte de la historia comercial de la Ciudad de México.
El siniestro ocurrió en el Callejón de San Salvador el Verde, en las inmediaciones de las calles 5 de Febrero, Chimalpopoca y Fray Servando Teresa de Mier, en el Centro Histórico de la capital. En la imagen podemos observar a varias personas reunidas en el exterior del inmueble, quienes se acercaron para contemplar los daños que las llamas habían provocado en la estructura del edificio.
La fotografía nos permite recordar una etapa en la que esta zona albergaba diversos establecimientos, talleres y espacios dedicados a la actividad comercial y productiva. Entre ellos se encontraban las instalaciones de esta reconocida sombrerería, cuya tienda, ubicada en el entorno del Zócalo capitalino, ha ofrecido durante generaciones una amplia variedad de sombreros y modelos para diferentes gustos y ocasiones.
Con el paso de los años, el paisaje urbano de este sector experimentó importantes transformaciones. El edificio que aparece en la fotografía ya no existe y en su lugar se levantó una nueva construcción, dejando atrás las huellas de aquel inmueble que fue escenario de este incidente.
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Imagen del año de 1927 nos muestra cómo lucía el tradicional barrio de la Candelaria de los Patos, ubicado en las inmediaciones de La Merced, en la Ciudad de México. Este antiguo sector de la capital cuenta con una larga historia urbana y ha sido escenario de importantes cambios a lo largo de las décadas.
En la fotografía podemos observar una calle flanqueada por numerosas barracas y pequeños puestos comerciales, donde los habitantes ofrecían diversos productos a las personas que transitaban por el lugar. La escena nos permite imaginar el movimiento cotidiano de aquellos años, cuando los vecinos acudían a estos establecimientos para realizar sus compras y abastecerse de los artículos necesarios para la vida diaria.
Durante generaciones, la Candelaria de los Patos ha conservado una identidad popular muy particular, ligada a sus habitantes, sus costumbres y sus formas de convivencia. Como muchos otros barrios tradicionales de la Ciudad de México, su historia está marcada por una intensa actividad comercial y por las transformaciones sociales y urbanas que ha experimentado con el paso del tiempo.
En la actualidad, esta zona enfrenta diversas problemáticas sociales, entre ellas dificultades relacionadas con la inseguridad y las condiciones de vida de sus habitantes. Sin embargo, continúa formando parte de la memoria histórica de la capital y representa uno de esos barrios populares cuyo pasado nos permite conocer una faceta muy distinta de la Ciudad de México.
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Una imagen nos transporta a finales de la década de los años setenta o principios de los ochenta y nos muestra el ambiente que se vivía en el exterior del emblemático Café de Tacuba, ubicado en la calle de Tacuba, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Fundado en 1912, este establecimiento ha conservado durante más de un siglo una importante tradición gastronómica, convirtiéndose en uno de los restaurantes más representativos de la capital mexicana.
La fotografía nos permite apreciar cómo lucía su fachada en aquella época, así como el movimiento cotidiano de esta calle, donde existían diversos comercios que contribuían a mantener una intensa actividad comercial. También podemos observar el paisaje urbano que rodeaba al restaurante, antes de que la zona experimentara nuevas transformaciones.
Con la construcción de la Línea 2 del Metro, esta parte del Centro Histórico incorporó una nueva alternativa de transporte, facilitando el desplazamiento de los habitantes y visitantes. Con el paso de los años, el entorno también ha cambiado, y actualmente destaca una mayor presencia de árboles en algunos de sus espacios, lo que genera un contraste con la imagen que observamos en esta fotografía.
A pesar de estas transformaciones, el Café Tacuba continúa ofreciendo sus servicios y conservando parte de la tradición que lo ha distinguido a lo largo de las décadas. Aunque su fachada ha cambiado desde aquella época, sigue siendo un lugar emblemático que forma parte de la historia gastronómica y cultural de la Ciudad de México.
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AGN
Durante las décadas de los años cincuenta, sesenta y setenta, la avenida de los Insurgentes experimentó importantes transformaciones, tanto en su trazado como en su infraestructura y mobiliario urbano. A lo largo de estos años, esta importante vialidad fue adaptándose al crecimiento de la Ciudad de México y al aumento del tránsito vehicular, con el objetivo de facilitar la circulación de miles de automóviles y mejorar la conexión con otras avenidas de gran importancia para la capital.
La modernización de esta zona también estuvo acompañada por el crecimiento de las áreas habitacionales y comerciales. Poco a poco, surgieron nuevas construcciones, establecimientos y espacios destinados a distintas actividades económicas, que contribuyeron a modificar el paisaje urbano y a darle una nueva dinámica a esta parte de la ciudad.
Otro acontecimiento importante fue la construcción de la Línea 3 del Metro, que fortaleció la comunicación entre diferentes sectores de la capital y facilitó el traslado de miles de personas. La presencia de este sistema de transporte contribuyó a incrementar la importancia de las zonas cercanas a sus estaciones, impulsando la movilidad y el desarrollo de su entorno.
Hoy en día, la avenida de los Insurgentes continúa siendo una de las vialidades más importantes de la Ciudad de México, ya que conecta distintos puntos de la capital y facilita los desplazamientos hacia diversas zonas de la ciudad y del Estado de México.
Década de los años setenta esta imagen nos muestra la entrada a la avenida Juárez, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. En el punto central de la fotografía destaca la escultura ecuestre de Carlos IV, conocida popularmente como El Caballito, que durante varias décadas fue uno de los elementos más representativos de esta zona y marcaba el inicio de la avenida Juárez y su conexión con el Paseo de la Reforma.
La toma nos permite observar los edificios que se encontraban en el primer tramo de la avenida Juárez, así como el constante movimiento de automóviles que circulaban por esta importante vialidad. La escena también nos ofrece una mirada a la vida cotidiana de aquella época, cuando el tránsito vehicular y las construcciones del entorno daban forma al paisaje urbano de la capital.
Con el paso de los años, esta zona experimentó importantes transformaciones. Varios de los edificios que aparecen en la fotografía desaparecieron, mientras que la escultura de El Caballito fue trasladada a la Plaza Manuel Tolsá, ubicada en la calle de Tacuba, donde permanece hasta nuestros días.
En el lugar que anteriormente ocupaba la escultura se construyó una fuente, modificando por completo la imagen de este punto de la ciudad. Así, esta fotografía se convierte en un valioso recuerdo de una época en la que la entrada a la avenida Juárez tenía un rostro urbano muy diferente al que conocemos actualmente.
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AGN
Imagen de la década de los años sesenta de la calle de 2 de Abril, vista desde la avenida Hidalgo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Esta vialidad se encuentra a un costado del Teatro Hidalgo, uno de los recintos culturales de esta zona de la capital.
La fotografía nos permite conocer cómo era esta calle en aquella época, cuando todavía estaba abierta a la circulación vehicular. También podemos apreciar la antigua fachada del Teatro Hidalgo, cuyo diseño le dio una imagen característica durante varios años y formó parte del paisaje urbano de este sector del Centro Histórico.
Con el paso del tiempo, esta zona experimentó importantes transformaciones. Años después, con la construcción de la Línea 2 del Metro, se incorporó en las inmediaciones un acceso a la estación Bellas Artes, modificando la imagen de los alrededores. Asimismo, después de los sismos de 1985, el Teatro Hidalgo experimentó cambios en su fachada y en parte de su estructura, por lo que su aspecto actual es distinto al que muestra esta fotografía.
Hoy en día, la calle de 2 de Abril es peatonal y presenta una imagen muy diferente a la de décadas pasadas. A través de esta fotografía, podemos recordar cómo era este rincón de la Ciudad de México y apreciar los cambios que ha experimentado con el paso de los años.
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INAH
Esta imagen nos transporta a la década de los años cincuenta, cuando la calle de Ángela Peralta, ubicada entre el Palacio de Bellas Artes y la Alameda Central de la Ciudad de México, todavía permitía la circulación de vehículos.
La fotografía fue tomada desde la avenida Juárez y nos muestra el movimiento cotidiano de esta vialidad, por donde transitaban automóviles de la época. Al fondo, podemos observar las antiguas construcciones que existieron sobre la avenida Hidalgo, algunos de cuyos inmuebles fueron muy conocidos en décadas pasadas y formaron parte del paisaje urbano de esta zona del Centro Histórico.
Con el paso de los años, este lugar experimentó importantes transformaciones. La calle de Ángela Peralta dejó de ser una vialidad destinada al tránsito vehicular para convertirse en un espacio peatonal, permitiendo que los visitantes recorrieran a pie los alrededores del Palacio de Bellas Artes y la Alameda Central. En esta zona también se encuentra el acceso al estacionamiento subterráneo del recinto cultural.
Hoy, las construcciones que aparecen al fondo de la imagen ya no existen, por lo que esta fotografía nos permite recordar cómo era el paisaje urbano de aquel entonces y comparar los cambios que ha experimentado esta parte de la capital mexicana a lo largo de las décadas.
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INAH
Esta imagen nos muestra una enorme figura de un boxeador instalada sobre la avenida Doctor Río de la Loza, a la altura de la Arena México, durante los Juegos Olímpicos de México 1968.
Como parte de la ambientación de la ciudad para este importante acontecimiento deportivo, se colocaron figuras monumentales relacionadas con distintas disciplinas olímpicas en los alrededores de algunas de las sedes de las competencias. Estas esculturas servían como elementos distintivos para identificar los deportes que se practicarían en cada recinto, al mismo tiempo que contribuían a crear una imagen urbana acorde con la celebración de los Juegos Olímpicos.
La figura que aparece en esta fotografía representa al boxeo, disciplina que tuvo como sede la Arena México, donde se llevaron a cabo los encuentros entre los participantes de diferentes países. Durante aquellas jornadas, este recinto se convirtió en uno de los escenarios importantes de la justa olímpica, reuniendo a deportistas y aficionados que fueron testigos de las competencias.
La fotografía también nos permite observar cómo lucía esta parte de la Ciudad de México en 1968, cuando sus calles y avenidas se preparaban para recibir a visitantes nacionales y extranjeros con motivo de uno de los acontecimientos deportivos más importantes de su historia.
Hoy, aquellas figuras monumentales forman parte de los recuerdos de una época inolvidable. Imágenes como esta nos permiten revivir el ambiente que se vivió en la capital durante los Juegos Olímpicos de 1968 y recordar cómo el espíritu olímpico también se hizo presente en sus calles, más allá de los estadios y las instalaciones deportivas.
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INAH
Con la construcción del Monumento a la Raza, la avenida de los Insurgentes Norte adquirió un elemento distintivo que, durante décadas, destacó en el paisaje urbano de esta parte de la Ciudad de México. En sus primeros años, la imponente estructura sobresalía entre las vialidades y el tránsito de la zona, convirtiéndose en uno de los referentes visuales más importantes del norte de la capital.
Años más tarde, con la construcción del Hospital La Raza, este sector adquirió todavía mayor relevancia. Ambos conjuntos arquitectónicos dominaron durante mucho tiempo el panorama de la zona, formando parte de la identidad de un entorno que comenzó a experimentar importantes cambios con el crecimiento de la ciudad.
Sin embargo, la expansión urbana y la necesidad de mejorar la circulación vehicular dieron paso a nuevas obras de infraestructura. La construcción de desniveles, pasos a desnivel y distribuidores viales modificó considerablemente el entorno, cubriendo parcialmente las vistas que anteriormente permitían apreciar el monumento desde distintos puntos de la avenida.
A estos cambios se sumó el crecimiento de la vegetación, que también contribuyó a transformar la imagen de este importante espacio urbano. Poco a poco, el paisaje abierto que caracterizaba a la zona fue dando paso a un entorno más complejo, dominado por las vialidades y las nuevas necesidades de movilidad de una ciudad en constante crecimiento.
Hoy, el Monumento a la Raza continúa siendo un símbolo histórico y arquitectónico del norte de la Ciudad de México. Al recordar cómo lucía esta zona en sus primeros años, podemos apreciar cuánto ha cambiado el paisaje urbano y comprender cómo las obras de modernización han transformado la relación entre los monumentos históricos y la ciudad que los rodea.
Esta imagen nos transporta a la década de los años sesenta, cuando el trolebús formaba parte del paisaje cotidiano de la Ciudad de México. En la fotografía podemos observar a dos trabajadores realizando maniobras en el sistema de cableado aéreo para restablecer la conexión eléctrica de una unidad de este transporte público.
Mientras los trabajadores llevan a cabo sus labores, el tránsito vehicular continúa su marcha por la calle, permitiéndonos apreciar distintos modelos de automóviles característicos de aquella época.
La escena nos ofrece una interesante mirada a la vida cotidiana de aquellos años, cuando el transporte público y los trabajos de mantenimiento formaban parte del movimiento habitual de las calles. Estos detalles, que en su momento pudieron parecer comunes, hoy adquieren un gran valor histórico, pues nos permiten conocer cómo funcionaban los servicios de transporte y cómo era el entorno urbano de la ciudad hace más de seis décadas.
A pesar del paso del tiempo y de los avances tecnológicos, el trolebús continúa circulando por las calles de la Ciudad de México. Actualmente, este medio de transporte cuenta con unidades más modernas que ofrecen una imagen muy diferente a la que aparece en esta fotografía.
AGN
Esta fotografía nos transporta a la década de los años cuarenta, cuando se encontraban en marcha las obras de construcción del edificio que albergaría las oficinas centrales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), ubicado sobre el Paseo de la Reforma, entre las calles de Burdeos y Toledo, en la colonia Juárez.
En la imagen podemos apreciar el considerable avance de los trabajos en este inmueble, cuya construcción formó parte del desarrollo urbano de la capital durante aquellos años. Su presencia representó un paso importante en la consolidación de las instalaciones administrativas de una de las instituciones de seguridad social más relevantes de México.
El edificio fue inaugurado en 1950 y, desde entonces, se convirtió en un punto importante para el funcionamiento administrativo del IMSS, institución encargada de brindar servicios de salud y seguridad social a millones de mexicanos.
La fotografía también nos permite observar el ambiente que se vivía en el exterior durante aquella etapa de crecimiento de la ciudad, cuando el Paseo de la Reforma comenzaba a adquirir una imagen cada vez más moderna, con nuevas construcciones que transformaban su paisaje y daban forma a una capital en constante evolución.
Hoy en día, el inmueble continúa en pie y mantiene su relación con las actividades administrativas del Seguro Social. Al contemplar esta imagen del pasado, podemos recordar cómo era esta zona durante los años cuarenta y apreciar la transformación de uno de los corredores urbanos más emblemáticos de la Ciudad de México.
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INAH
Esta fotografía nos transporta a la década de los años veinte, cuando la calle de Tacuba, en su esquina con la calle de Bolívar, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, presentaba un ambiente lleno de actividad comercial y movimiento cotidiano.
En la imagen destaca un edificio que antiguamente albergó el convento y hospital de los betlemitas. Para aquella época, el inmueble ya formaba parte de la dinámica comercial de la zona, con diversos establecimientos que ocupaban sus espacios y contribuían a la actividad económica de estas históricas calles del centro de la capital.
La fotografía también nos permite observar a las personas que caminaban por las aceras mientras los vehículos circulaban por esta vialidad. A su alrededor sobresalen otras construcciones características de principios del siglo XX, cuyos diseños arquitectónicos nos recuerdan cómo era el paisaje urbano de la ciudad hace más de cien años.
Con el paso del tiempo, este histórico inmueble fue restaurado y adaptado para albergar el Museo Interactivo de Economía (MIDE), un espacio dedicado a acercar al público al conocimiento de la economía y las finanzas. De esta manera, el edificio ha logrado conservar su presencia en el Centro Histórico, adquiriendo una nueva función sin perder su importante vínculo con el pasado.
Hoy en día, gran parte de las construcciones que aparecen en esta fotografía todavía forman parte del entorno, aunque muchas han sido remodeladas y adaptadas a las necesidades actuales. Comparar esta imagen con el paisaje que conocemos hoy nos permite descubrir los cambios que ha experimentado el Centro Histórico y recordar cómo eran sus calles, sus comercios y la vida cotidiana de sus habitantes durante la década de los años veinte.
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INAH
Esta imagen nos muestra a los bomberos trabajando para sofocar el incendio que, en 1980, consumió buena parte del histórico Árbol de la Noche Triste, ubicado en la plaza del mismo nombre, sobre la calzada México-Tacuba, entre las calles de Instituto de Higiene y Mar Blanco, a un costado de la parroquia del Pronto Socorro y San José, en la colonia Popotla.
En la fotografía podemos observar cómo distintas unidades de emergencia acudieron al lugar para combatir las llamas y evitar que el fuego continuara dañando este emblemático ahuehuete. De acuerdo con las versiones sobre el suceso, el incendio habría sido provocado por un cortocircuito relacionado con las actividades que se desarrollaban en la zona. El incidente causó una gran conmoción entre los habitantes y las personas que presenciaron los trabajos de emergencia, pues se trataba de un árbol estrechamente ligado a la historia y a la memoria de la capital.
La importancia de este ahuehuete se encuentra en la leyenda que lo relaciona con uno de los episodios más conocidos de la Conquista de México. Según la tradición, fue bajo sus ramas donde Hernán Cortés lloró tras sufrir una derrota frente a los mexicas y emprender la retirada de México-Tenochtitlan durante la noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520.
Sin embargo, no se ha comprobado que este árbol sea realmente aquel bajo el cual lloró el conquistador, por lo que esta asociación forma parte de una tradición histórica transmitida a lo largo de los siglos.
Volviendo a la fotografía, también podemos apreciar el entorno urbano de aquella época, con vehículos particulares, unidades de emergencia y numerosos curiosos que se acercaron para observar lo que ocurría. La escena nos permite imaginar la expectación y la tristeza que provocó este acontecimiento entre quienes contemplaron cómo las llamas dañaban un árbol considerado parte del patrimonio histórico de la Ciudad de México.
Con el paso de los años, el ahuehuete ha continuado deteriorándose debido a su antigüedad, las afectaciones sufridas y las condiciones del entorno. No obstante, su importancia histórica y la leyenda que lo acompaña permanecen en la memoria de los capitalinos.
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Estos dos locales comerciales, ubicados en el número 59 de la calle de 5 de Mayo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, aparecen en esta fotografía de la década de los años setenta. En la parte superior de los establecimientos podemos observar unos curiosos anuncios que, por un tiempo, les dieron una identidad particular y los distinguieron de otros negocios de la zona.
Como estos, muchos comercios de la capital se caracterizaban por sus ingeniosos nombres, originales eslóganes y llamativas formas de anunciar sus productos y servicios. Algunos de estos anuncios lograban permanecer en la memoria de los clientes durante años, convirtiéndose en parte del paisaje cotidiano y de los recuerdos de quienes acostumbraban recorrer las calles del Centro Histórico.
Esta tradición de llamar la atención mediante la creatividad, el ingenio y el humor continúa presente en nuestros días. Todavía podemos encontrar establecimientos que recurren a nombres originales y anuncios ingeniosos para atraer a sus clientes y distinguirse de los demás.
Aunque los comercios que aparecen en esta imagen ya cambiaron de giro, el edificio donde se encontraban aún existe. De esta manera, la fotografía nos permite recordar una época en la que los anuncios comerciales también formaban parte de la personalidad de las calles y contribuían a darle un carácter único a la Ciudad de México.
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INAH
Esta imagen nos muestra una vista del exterior del Edificio El Moro, sede de la Lotería Nacional, durante la década de los años cincuenta. La fotografía nos permite apreciar el ambiente urbano de esta zona de la capital, donde destacan la calle de Rosales y el inicio de la avenida Juárez, en un paisaje que hoy resulta muy diferente.
En el lado izquierdo de la imagen podemos observar la casa de don José Yves Limantour Marquet, un inmueble que formaba parte del entorno arquitectónico de aquella época y que posteriormente fue demolido, dando paso a nuevas transformaciones en esta parte de la ciudad.
Al fondo se distinguen varias construcciones ubicadas sobre la avenida Juárez. Entre ellas destaca un edificio que años más tarde estuvo relacionado con el CONALEP y que desapareció tras los daños ocasionados por el terremoto de 1985. Más atrás sobresale una torre perteneciente a la Comisión Federal de Electricidad, que también quedó en la memoria de muchos aficionados al cine mexicano por aparecer en la película Ustedes los ricos, estrenada en 1948 y protagonizada por Pedro Infante, quien interpretó al inolvidable Pepe el Toro.
La fotografía fue tomada antes de la ampliación del Paseo de la Reforma hacia el norte, un proyecto que modificó considerablemente el paisaje urbano de este sector de la capital. La demolición de antiguas construcciones y la apertura de nuevas vialidades transformaron calles y espacios que durante décadas habían formado parte de la vida cotidiana de los capitalinos.
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