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Gracias a los que me han fallado una y otra vez. A los que hablan sin saber. A los que van de amigos y no lo son. A los que sonríen a la cara y mienten en la espalda. A los que me han mentido. A los que me han roto sus promesas.
¡Gracias a ustedes soy más fuerte!
Hoy no camino solo, camino de la mano de Dios. Si el día se pone difícil, Él me sostiene. Si el día se pone bonito, Él me acompaña a disfrutarlo.
¡Que tengas un día tranquilo y con buena energía!
Hay algo bonito en pedalear, ¿no? Al principio duelen las piernas, falta el aire, quieres parar. Pero cuando sigues, el cuerpo se afloja, la mente se despeja y el camino se vuelve oración.
Señor, tú que conoces el dolor que no se ve, visita hoy a cada enfermo en su cama, en su casa, en su hospital. Dales descanso cuando el cuerpo les duele, paz cuando la mente no se calma y esperanza cuando sienten que ya no pueden más.
Abraza también a quien los cuida, que a veces está más cansado que el mismo enfermo. Y si no puedes quitarles la enfermedad,
quítale al menos el miedo de sentirse solos.
Amén.
Bienaventuradas las personas que con su carisma, don, sonrisa y amistad hacen felices a los demás. ¿Café?...
Son las 3:45 de la mañana, todo en silencio, y mi mente no se calla. Dios, si tú tampoco duermes, quédate conmigo un ratito.















