Y hablando de anécdotas íntimas, últimamente está deseando volver a pasar otra de sus noches con las manos de la contraria acariciándole el cabello hasta dormir, acompañadas de uno que otro beso.
— ¿Qué sería de nosotros sin la gente incongruente? —disimula su desazón con una sonrisa, aunque su interés no pase de ser una formalidad—. Lidiamos con mucho día a día, eh.
Eso solo consigue que tenga más preguntas que antes. Intenta no fruncir el ceño mientras estudia su aspecto, después de un paréntesis de varios segundos y sin importarle verse descortés.
Tienen un par de anécdotas que merecían ser contadas, claro que ha hecho eso. No tiene problema, puede quedarse a su lado las veces que quiera.
Al sentir que Lilim lo soltaba, su cuerpo avanzó con mayor velocidad de la prevista. Los brazos se extendieron por instinto, tensándose mientras intentaba conservar el equilibrio. Por un instante, toda su concentración estuvo puesta en no terminar de espaldas contra el ›














