¡Oh amistad..!
Te nutres en el suelo del amor sin límites,
en la búsqueda del progreso del alma
de dos seres que se ayudan...
Te riegan las aguas de la afectuosa atención
y el tierno rocío de la dulzura interna y externa
que surge de la devoción profunda del
corazón generoso.
Hoy perdonaré a todos aquellos que me han ofendido y prodigaré mi amor a todos los corazones sedientos, tanto a los que me aman como a los que no me aman.
¡Oh, Amigo Divino!, permite que mis seres queridos vengan a mí. Que al encontrarlos, me sea posible perfeccionar nuestra amistad y hallar amistad en todos; y que, de esta manera, pueda yo encontrarte a Ti.
PRACTICA ESTA AFIRMACIÓN HOY
Al irradiar amor y buena voluntad hacia los demás, abriré la vía para que el amor de Dios venga a mí. El amor divino es el imán que atrae hacia mí todo bien.
La amistad es la forma más elevada del amor. En la amistad no existe coacción; nace de la elección libre que realiza el corazón; se trata de Dios llamando a las almas para que vuelvan a unirse con Él. Si puedes ser amigo incondicional de todos, habrás experimentado el amor divino
Tu fuerza vital está presente en cada una de mis respiraciones y en cada latido de mi corazón.
¡Oh Único Hacedor del hombre y del universo!, haz que pueda darme cuenta de que toda fuerza es divina y dimana sólo de Ti.
Si te sientes incapaz de erradicar el obsesionante temor a la enfermedad o al fracaso, desvía constantemente la atención concentrándote en la lectura de libros interesantes; e incluso es recomendable recurrir a algunas distracciones que no sean nocivas.
“¡No, mi Señor, yo te quiero sólo a Ti! Nada me detendrá en mi búsqueda. He aquí la plegaria de mi corazón: Jamás me hagas pasar por la prueba de olvidarme de tu presencia”.
Cuando utilizamos nuestra voluntad para contradecir la voluntad de Dios, echamos a perder la película. ¿Por qué no decir: “Voy a hacer lo que Dios quiere que haga”? Creo que serías mucho más feliz, más pacífico, mejor.
El manifestarle al Señor que deseamos algo determinado no constituye un error, pero demuestra mayor fe quien afirma simplemente: “Padre Celestial, yo sé que Tú te anticipas a todas mis necesidades; susténtame según tu voluntad”.
El ego físico, la conciencia activa del hombre, debe elevar el ser que se identifica con el cuerpo a fin de alcanzar la unidad con el alma, que es su verdadera naturaleza; no ha de quedarse estancado en el engañoso y mísero estrato de los enredos sensoriales y materiales.
… incluso el Señor carece de algo que anhela: nuestro amor. Y jamás seremos felices mientras no se lo brindemos.
Señor, Tú estás dentro de mí y en torno a mí. Me encuentro en el castillo de tu presencia... Estoy dispuesto a luchar en contra de los males que me rodean; los conquistaré a través del poder omnímodo de tu presencia.
Señor, ésta es mi necesidad. Estoy dispuesto a trabajar por satisfacerla, pero te pido que me guíes y ayudes a pensar y actuar correctamente, para alcanzar el éxito. Razonaré y trabajaré con determinación, pero guía Tú mi razón, mi voluntad y mis acciones hacia la meta correcta.
Existe siempre una oportunidad para el éxito. Entrena el poder de tu mente consciente para que esté atenta a las oportunidades: que te permita detectar las avenidas que han de llevarte a donde desear ir y aprovechar también las oportunidades que sean compatibles con tus metas.
Todos los seres humanos han aprendido a entrar en la subconciencia durante el sueño y todos pueden, asimismo, dominar el arte del éxtasis supraconsciente, que es una experiencia infinitamente más placentera y reparadora que aquella que se puede obtener del sueño.
La introspección es un espejo en el cual te es posible contemplar algunos recodos de tu mente. Diagnostica la causa de tus fracasos y –haciendo un balance de tus buenas y malas tendencias– analiza lo que eres, lo que deseas llegar a ser y cuáles son los defectos que te lo impiden
Aquel que es bueno ante su conciencia, lo es también a los ojos de Dios. No hagas nada que tu conciencia reproche. Si tu conciencia está limpia, podrás hacerle frente a la opinión del mundo entero: por muy densa que sea la oscuridad a tu alrededor, lograrás rasgar las tinieblas.
Canta canciones que nadie cantó,
piensa lo que nadie concibió,
camina por donde nadie caminó,
llora por Dios como nadie lloró,
brinda paz a quienes no se le brindó,
reclama como tuyo a quien se repudió.
Ama con un amor que nadie sintió,
y afronta la batalla con brío renovado.




















