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Ex concejal de Bogotá, ex candidato a la Alcaldía y otros ex

Bogotá D.C.
Joined August 2009
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Ni los militares y policías ven bien que el Presidente esté tan "operativo". Su propia doctrina les da la razón: Así funciona la cadena según el Manual de Doctrina Conjunta de las FF.MM.: 🔹 Presidente: comandante supremo. Fija la estrategia de seguridad nacional.
🔹 Ministro de Defensa: la convierte en política del sector.
🔹 Comandante General: la vuelve estrategia militar.
🔹 Comandantes de Fuerza: la bajan a su dominio: tierra (Ejército), mar (Armada) y aire (Fuerza Aeroespacial).
🔹 Unidades: la ejecutan en el terreno. Por eso en el mundo militar es tan mal visto que un comandante de Fuerza se meta al operativo: se queda en el caso a caso y pierde el panorama. Ahora, si el Presidente está en el allanamiento, ¿quién está mirando el mapa completo de la seguridad? Además, es un símbolo de posible desconfianza, porque lo que se espera es que el jefe fije la intención y confíe en su gente para la ejecución. Lo que vemos hoy es exactamente lo contrario: un Presidente recorriendo barrios de madrugada con pistola al cinto, chaleco y radio, y un Ministro armado en un acto militar. Un general no hace de sargento. Un presidente no debería hacer de patrullero.
¡172 CAPTURADOS EN BOGOTÁ! ¡GOLPE CONTUNDENTE CONTRA LA CRIMINALIDAD! 🇨🇴 ¡A LOS CRIMINALES NO LOS VAMOS A DEJAR DORMIR TRANQUILOS! Esta madrugada estuve en Bogotá, acompañando personalmente a nuestra Fuerza Pública en la Operación KRATOS, una ofensiva contra las estructuras delincuenciales que pretenden sembrar el terror en la capital. ¡172 CAPTURAS, 114 ALLANAMIENTOS, 11 ARMAS DE FUEGO Y 3 GRANADAS INCAUTADAS! También incautamos 72 cartuchos, 34 celulares, 3 proveedores, 2.270 gramos de marihuana, 130 gramos de cocaína, 2.250 gramos de bazuco, 250 papeletas de tusi y 10,1 millones de pesos en efectivo. Además, una motocicleta incautada y otra recuperada. ¡QUE LES QUEDE CLARO: NO HABRÁ ESCONDITE NI MADRUGADA QUE LOS SALVE DEL PESO DE LA LEY! Vamos detrás de sus cabecillas, sus estructuras y sus finanzas. Bogotá no puede seguir a merced de los delincuentes. Mi reconocimiento a la Policía Nacional, el Ejército Nacional y el CTI de la Fiscalía General de la Nación, que participaron en esta operación. Tienen todo mi respaldo como su Comandante en Jefe. ¡CUANDO EL ESTADO SE DECIDE, NUNCA PIERDE! ¡Firme por Bogotá, firme por la Patria! ¡Viva Cristo Rey! (A.D.L.E.) 🇨🇴🐅
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Muy pertinente este post. Un llamado a bajarle al show y trabajar consistente y sistemáticamente contra los mercados criminales.
Es hora de aprender de la experiencia: los "megaoperativos", como el visto esta semana en Bogotá, no son nuevos; ha habido varios, de diferentes envergaduras, en todas las administraciones distritales desde, al menos, Peñalosa. ¿Qué han demostrado estos operativos? La criminalidad no se disuade, se desplaza, lo que dificulta su control posterior y promueve el deterioro de espacios públicos que antes no tenían estos problemas. La intervención del Cartucho creó el Bronx y la intervención del Bronx generó, justamente, el desplazamiento de la criminalidad hacia el barrio San Bernardo, uno de los lugares donde se centró la operación. Esto porque no se afectan estructuralmente los mercados criminales: los miembros capturados suelen ser los que están en calle en el momento del operativo y son fácilmente reemplazables en la organización y lo incautado no genera verdaderos impactos en la economía de los criminales; la presencia de autoridades que regulen la vida económica y social no es sostenida; y no hay estrategias para la apropiación ciudadana de los lugares "tomados" por las autoridades. Cuando los "megaoperativos" son de menor envergadura, como ocurrió ayer, se da una disuasión momentánea, a veces de pocas horas, sobre la certeza de que la capacidad de sostener la iniciativa no supera la duración de la operación. Así, los mercados y las organizaciones criminales permanecen intactos, al igual que los problemas que estos generan para la ciudadanía. Bogotá necesita menos show. Las bogotanas queremos que los celulares que nos roban dejen de llegar siempre a la misma cuadra en el Santa Fe. Que las autopartes robadas dejen de ser llevadas y revendidas en los mismos lugares de la Estanzuela. Lo demás es accesorio. Hoy, esos lugares de autopartes y reventa de celulares robados abrieron como si no hubiera pasado nada, aunque allí se concentró el operativo, porque saben que pueden operar en impunidad. Los vecinos de San Bernardo siguen sin poder transitar libremente su barrio por el deterioro del espacio público y la venta de estupefacientes en la calle. Las mujeres que ejercen el trabajo sexual continúan siendo controladas y, en algunos casos, explotadas por bandas. Las bogotanas necesitamos soluciones reales para sentirnos seguras!
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Palestinian citizens of Israel are the last force standing between Israel and the apocalypse. Netanyahu has answered our votes by claiming that Palestinian parties “stole” the election, even though Israel’s own election authorities say they have seen NO evidence of systematic fraud. His son Yair went further. He used the results to claim that most of Israel’s Palestinian citizens justify “terror”, and he called us “an existential problem no less than the Iranian nuclear program.” Read that again: citizens who went to the polls, placed on the same level as a nuclear bomb. That is the Netanyahu family legacy: disgusting racism, bigotry, corruption, war crimes, and an Israel turned into a rogue genocidal state, despised and isolated around the world. Israel’s opposition now faces a choice: bring Netanyahu down, or commit political suicide.
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I am going to write something below that should be seen as the musings of one who celebrated – and still celebrates – Lula’s victory over Bolsonaro Jr. Here it goes: I cannot for the life of me justify why o why Brazil’s courts had to demand of Bolsonaro that he hands over his passport the moment he lost the election. That he disputed the veracity of the election result is a sign of a faulty character, evidence that he is a bad loser. BUT, he had every right to being a bad loser; to dispute, rightly or wrongly, any result. As for the argument that he was being investigated for other misdemeanours or crimes, that doesn’t wash either: What would have happened if Bolsonaro had won the election? Would the judges also prevent him from travelling abroad, as President-elect? I very much doubt that – which means that the judges were conflating executive and judicial powers. To those who tell me that the Bolsonaro clan is a fascistic, criminal family, my reply is: You and I may very well think that. Alas, the judiciary has no right to use its powers to indict and to pursue someone because – or immediately after – they lost an election. It is shameful, to be precise. And it is also dangerous for those of us on the left who know what it means to be banned and hounded by rogue judges and police commissioners. But I also have a message to Bolsonaro supporters, or those sitting on the fence, who assume that Lula is somehow behind the judges. He is not! This is the same court that imprisoned, falsely, Lula himself. What we have in Brazil is a judiciary that overreaches and habitually crosses the line that ought to separate judicial from political power. It is such a shame that a judge took it upon himself to go after Bolsonaro on the eve of his defeat and, in doing so, to sully Lula’s stupendous victory. One last point that my comrades in Brazil should note: If Bolsonaro and Rubio wanted to mount a campaign against Lula and Brazilian democracy they could never have been aided better than by that judge’s reckless writ.
WHAT LULA’S RE-ELECTION TELLS US: The Class War Need Not End in Fascism On Sunday, Brazilians did something that the commentariat had told us was a lost cause. On the eve of his eighty-first birthday, Luiz Inácio Lula da Silva, a former metalworker, turned the Trumpist, evangelical, neofascist, Zionist tide in Latin America to get re-elected President of Brazil. Three weeks earlier, he had come second in the first round, behind Flávio Bolsonaro, son and political heir of the man who trumpeted the merits of fascism, who had embraced Trump as his lord and master, who plotted a cynical coup against Brazilian democracy – moreover, the main candidates that were eliminated were rightists whose voters were meant to move to Bolsonaro. Yesterday, Lula overturned this deficit and won with a margin of nearly four and a half million votes. I want to use Lula’s victory to tell a broader story. A story about a war, the class war that the few are waging against the many across the Western world. And a story about how that war need not end, as so many now fear, in a neofascist revival. THE HIDDEN CLASS WAR “There’s class warfare, all right,” Warren Buffett once said, “but it’s my class, the rich class, that’s making war, and we’re winning.” Mr Buffett was not exaggerating. For almost four decades, Western governments and central banks have pulled every policy lever in the same direction: to make the assets of the few burgeon at the expense of the incomes of the many. Consider the numbers. Between 1952 and 1988, economic growth explained nearly all the gains of the West’s stock market. From 1989 onwards, growth explains only about a quarter. The largest share, around 40 per cent, came from income diverted from workers to shareholders. Another third came from cheaper money and lower perceived risk. That is not wealth creation. It is wealth extraction: a transfer from those who work to those who own, inflated by cheap money and paraded on the evening news as “a strong economy”. Then look at the rescues. 2001, 2008, 2020, the British gilt crisis of 2022, Silicon Valley Bank in 2023: each time, the state rushed in to save the asset holders. Together they reveal the rule: to save the economy, you must save the wealth of those who own it – not those who produce stuff, not even productive companies. In the United States, the top tenth own almost 90 per cent of all shares. The Fed and the US federal government insure it for them, doing ‘whatever it takes’ to prop them up whenever their prices tank. The rest of us in the West pay the premium, in the form of the austerity that always follows the bailout. And the owners need never sell. Why do billionaires pay so little tax? Because they do not earn incomes - they accumulate capital gains, taxed only when sold. So they borrow against their soaring assets at 1 or 2 per cent and live on the loan. Then they die and pay no tax on their capital gains, passing on the loot to their kids at ridiculously low inheritance taxes. Meanwhile, to pay bills and put food on the table, the worker borrows on a credit card at 20 per cent, her debts the mirror image of their fortunes. Then, a large chunk of these accumulating assets seek even higher rents in places like Brazil where the US government intervenes to ensure that the local governments will also place the defence of these assets’ values above all else. CAPITAL IS NOT A THING, NOT MERELY AN ASSET Why does austerity keep returning, even though it is economically self-defeating? Marx tells the story of Thomas Peel, who in 1829 sailed to Western Australia’s Swan River with £50,000 of provisions and three hundred working-class men, women and children. On arrival, his workers walked off into the bush and worked for themselves. Peel had brought money, tools and labour, but he could not bring capitalism along, because his workers had an alternative. Capital, Marx concluded, is not a thing but a social relation: the power of those who own to get those who don’t own to do things they’d rather did not do. Austerity is not an economic policy. It is a disciplinary device, keeping the many sufficiently insecure and indebted to accept whatever is on offer. The ruling class’s deepest fear is not inflation or debt. It is to end up like Peel: rich, but without the power to compel. IS FASCISM INEVITABLE? Here is the part of the story that keeps so many of us awake at night. When centre-left politicians, from Bill Clinton, Barack Obama and Tony Blair to Gerhard Schröder, Francois Hollande and Andy Burnham abandoned the language of class, a void opened up in the working-class heartlands of the West. Into that void stepped a venomous storyteller with a century of experience in filling such voids: the recalcitrant far right, the rebranded fascists. They offer left-behind workers a story of dignity, then redirect their fury away from the owner who shipped their factory abroad or sold their council house to some fund and towards the migrant next door. It does not end the class war. It merely divides one side – the workers – to rule over them. It camouflages it. From the red suburbs of Paris to south Piraeus, from England’s red wall to Italy’s rust belt in Taranto, from the American rust belt to eastern Germany, the pattern seems relentless. And so, a fatalism has set in: the class war waged from above, we are told, must inevitably end in a neofascist, racist, misogynist revival. Brazil has just refuted this fatalism. Brazil knows the monster intimately. It lived through four years of Jair Bolsonaro, with his nostalgia for the military dictatorship. On 8 January 2023, his followers stormed the Congress, the Supreme Court and the presidential palace. Brazil’s far right is not a fringe. Unlike Trump’s rag tag storm troopers, they had years of running a dictatorship. It won the first round of this election. They had the White House fully behind them, while the US Democrats, once again demonstrating their irrelevance, stayed mute. And yet, yesterday, they were defeated. How? Not by hand-wringing about “populism”, nor by a centrist promise to manage the status quo more efficiently. Lula won because he did what the Western centre-left forgot how to do: he spoke the language of class, and backed it with policies that shifted power, however modestly, from the few to the many. His government exempted those earning up to five thousand reals a month from income tax and paid for it with a minimum tax on the very richest. During Brazil’s G20 presidency, it proposed a global minimum tax on billionaires. When Lula tells Brazilian workers that the elites have rigged the game, he points his finger upwards, at the rentier and the speculator, not sideways, at the migrant or the poor. PIX – AN EXAMPLE OF AN ANTI-OLIGARCHY DIGITAL TOOL But the most innovative weapon in Brazil’s arsenal is one that few outside Latin America have heard of. It is called Pix. Every time you tap a card to pay for a coffee, a toll is levied. Visa, Mastercard and the banks take a cut, often 2 or 3 per cent, from every transaction. Multiply this by billions of purchases a day and you grasp one of the most lucrative rent-extraction machines ever devised. These are not profits made in competitive markets but rent extracted by those who own the digital rails on which our economic lives now run. It is part of what I call technofeudalism. Unlike Britain, Europe or, of course, America, Brazil’s central bank moved to limit this rabid exploitation. It launched an alternative: a public, instant payment system, free for individuals and with capped fees for merchants. A Brazilian pays a street vendor in Salvador or sends money to her mother in Recife, instantly, using Pix from her phone, with no card company or bank taking its slice. Brazilians took to it with astonishing enthusiasm. Last year, Pix processed almost 80 billion transactions and overtook credit cards as the most popular way to pay online. Pix is, in effect, the Swan River of the digital age. It gave tens of millions of Brazilians, including the poorest, who had never had a bank card, an alternative to the toll booths of Big Finance. And, like Peel, the toll collectors did not take it lying down. This summer, Washington imposed 25 per cent tariffs on most Brazilian exports, and its trade representative explicitly named Pix as a grievance, complaining that it “unfairly disadvantaged” American payment companies! The most powerful government on Earth deployed its trade arsenal against a free public service for being too successful at denying rents to Visa and Mastercard. Lula did not blink. He defended Pix as a Brazilian public good, and Brazilians rewarded him for it. Here, at last, is a concrete example of limiting the power of Big Business, Big Finance and Big Tech: not with slogans, but by building public digital infrastructure that removes the opportunity to extract rent in the first place. NOT A REVOLUTION, BUT AN AUSPICIOUS PORTENT Let me not romanticise. Lula is no revolutionary. His margin was narrow. Brazil’s Congress remains in the grip of agribusiness and evangelical blocs. Its central bank still keeps interest rates punishingly high, a weapon of the class war if ever there was one. Lula himself has compromised much too much with these vested interests, and lost support as a result. But Brazil has shown three things the rest of us must learn. First, the class war waged against the many does not have to end in fascism. Fascism wins only when the left vacates the battlefield of class. Second, a progressive government can win by pointing upwards, at those who extract rent, rather than downwards, at those who suffer. And third, Big Business can be defeated, at least forced to lose some battles, by building public alternatives to its rent-extracting machines. So, here is the challenge to Britain, to Europe, to the people of the United States. -Build your own Pix: public payment rails that end the tolls of Visa and Mastercard. -Tax capital gains, ill-gotten wealth that is, not just income. -Make every rescue conditional, with the public receiving real, permanent equity in return. -Create a public investment bank as an alternative to the bond markets. Restore the bargaining power of the workforce. And give working people what Peel’s workers found at Swan River: an alternative, and the freedom to say no. Buffett was right. There is a class war, and his class has been winning hands down. But yesterday, in Brazil, it lost a battle though not the war. It lost because a working-class president dared to name the war and fight it using weapons fashioned to defend the many. unherd.com/2026/10/why-lula-…
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Daniel Levy | Former Israeli Peace Negotiator | US/Middle East Project (@USMEP): Netanyahu did not alone commit genocide for 3 years. He did not alone maintain decades of illegal occupation. It was system-wide. Eisenkot was part of it & served in the military. He sat in the emergency unity security cabinet after Oct. 7 - during the genocide. Israeli generals, soldiers & judges - all part of a system-wide mobilization. Dissenting voices existed but remained marginal.
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De un excolaborador muy estrecho e importante de Netanyahu: “Me di cuenta al final del día de que Israel realmente no quería la paz, sino la dominación/Netanyahu puso su futuro político por encima de la paz/aliena a los judíos de la diáspora y erosiona el apoyo de USA”.
On this Israeli election day, I’d recommend reading this extraordinary @haaretzcom interview with billionaire Ronald Lauder, president of the World Jewish Congress and once one of Benjamin Netanyahu’s closest confidants. One of Lauder’s most striking conclusions: “I realized at the end of the day that Israel really didn't want peace, but they wanted dominance.” This is coming from someone who helped launch Netanyahu’s political career, introduced him to powerful figures in American politics and media, and secretly negotiated with Hafez al-Assad and Rafik Hariri on his behalf in the late 1990s. In one of the interview’s biggest revelations, Lauder says Netanyahu agreed to a comprehensive peace deal with Syria and Lebanon, including withdrawal from the Golan Heights, but ultimately refused to sign it for political reasons. “He chose politics over peace. He put his political future before the deal.” Now 82, Lauder describes his profound disillusionment with Israel’s direction. After decades of supporting Israeli and Jewish institutions, he has sold his Tel Aviv apartment, given away his Be’er Sheva property, and says he has no intention of returning to Israel. He warns that Netanyahu’s dependence on figures like Ben-Gvir and Smotrich is damaging Israel, alienating diaspora Jews and eroding support in Washington. The interview is also full of fascinating details about Lauder’s role in Netanyahu’s political rise. The two became close friends in the 1980s, when Netanyahu was Israel’s ambassador to the UN, speaking almost daily at times. Lauder says he introduced Netanyahu to speech coach Lilyan Wilder to improve his public speaking and, crucially, to Republican strategist Arthur Finkelstein, who would become instrumental in Netanyahu’s electoral success. When Netanyahu left New York to pursue a political career in Israel, Lauder threw him a farewell party attended by some of the most influential figures in American media and politics, including Rupert Murdoch and the head of the New York Times. Lauder recalls opening doors for Netanyahu and helping him cultivate the relationships that would underpin his rise to power. What makes this interview so revealing is that Lauder is no longtime critic of Israel. He had been a committed Zionist, a Republican power broker, and a man who spent decades financing Jewish institutions, cultivating relationships with Arab leaders, and pursuing diplomatic openings on Israel’s behalf. A fascinating read 👇 haaretz.com/israel-news/elec…
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#ElPoderosoSuárez | “El poder de Suárez cada vez es mayor. Navega con la bandera del presidente, pero formalmente es un particular. No tiene las limitaciones de un funcionario. Está fuera del alcance de la Procuraduría y la Contraloría”: @DCoronell f.mtr.cool/gbdjo2w981
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Carlos Suárez, el master of Puppets, cada tanto se sube a una tarima con su pinta más corroncha, a decir que el grueso de los votantes de De la Espriella no necesitan ser convencidos por un plan de gobierno estructurado, asertivo, fondeado, pertinente... Que atienda técnicamente los problemas urgentes del país, sino que basta excitarlos con vídeos hechos con IA de tigres bailando. Argumenta que para estos seres básicos y elementales la emoción es preponderante y la razón no importa. No le falta razón. Pues de manera inmediata las marionetas, the Puppets, salen a decir que vean qué reflexión tan brillante, qué manera precisa de leerlos, cuánto derroche de erudición para describirlos. Pensaría uno que deberían ofenderse, pero sorpresivamente les gusta que los traten de imbéciles. Allá ellos. Lo que más debería preocuparnos, es que el master of Puppets, aparte de hacer echar ministros, manejar sus sirvientas y esbirros digitales y salir a tratar de tarados a los votantes del gobierno, desgraciadamente preside la junta directiva de Ecopetrol. Decían que Suárez llegaba para levantar la imágen de Ecopetrol, para hacerle marketing. Pero no hace nada al respecto. El marketing que necesita Ecopetrol es con los inversionistas. Pues Ecopetrol vende commodities que no necesitan mercadeo. Usted no necesita decir que por la compra de dos barriles de petróleo le damos un litro de etanol y un balón de defensores de la patria. No, eso se vende solo sin problema. El problema es que este viejo que tiene una batalla con la edad más intensa que la batalla cultural, no sale a contar qué está haciendo Ecopetrol para generar más caja, ser más rentable, diversificar su portafolio de productos, avanzar en exploración. No sé si vayan a conseguir que los inversionistas se vuelvan a interesar en Ecopetrol exponiendo la llanura intelectual de los votantes del gobierno. La verdad no creo. Creo que debería dar otro tipo de conferencias o dejar el cargo. Y vestirse apropiadamente.
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Recién vi NAZA. Tenía algún prejuicio pero, aunque no aporta novedades para quienes hemos seguido el genocidio en Gaza, entiendo tras verla la determinación del establishment sionista por castigar a sus directores: el film revela a Israel como un riesgo para la humanidad. (Sigue) El método de narrar el documental con metraje filmado en terrazas, no sólo resguarda la identidad de los oficiales israelies "arrepentidos" que confiesan sus crímenes (que casi todos justifican como parte de un engranaje casi automático), sino que también -mediante planos con zoom indiscreto hacia la intimidad de los habitantes de Tel Aviv dentro de sus departamtos- Abraham y Szor encuentran en las escenas cotidianas de personas occidentales dentro de "la seguridad" de sus casas el contraste ideal con la maldad de los sistemas "Lavender" y "Where's Daddy?" que se describen en detalle. Es que oír como un gobierno emplea IA para procesar la información absoluta que posee sobre una nación (fruto de años de oír, leer y rastrear teléfonos móviles), y elegir "objetivos" en base a ella -arrasando barrios enteros una vez que se activa la señal- lleva irremediablemente a pensar en por qué los gobiernos del mundo parecieran haber desarrollado una adicción a los sistemas "de defensa y seguridad" de Israel: sí, todos nosotros en nuestras casas -mientras ayudamos a nuestros hijos con su tarea escolar, jugamos con nuestra mascota, nos acurrucamos con nuestra pareja a ver una serie o escribimos una reseña en X sobre un documental que desenmascara a un estado terrorista- todos nosotros somos un score, un puntaje en algún sistema Lavender como el prototipo usado para masacrar palestinos, que puede o no ser utilizado en un futuro por un gobierno -propio o ajeno- para decidir si nosotros y nuestras familias vivimos o morimos en nuestros propios departamentos, en nuestra propia ciudad. Los testimonios de los soldados explican por qué Netanyahu los acusa de divulgar secretos militares, ya que desarrollan con lujo de detalle, describiendo las pantallas de los sistemas, las opciones y los circuitos de toma de decisión con una precisión muy convincente. Además, para cada relato o confesión de crimen que se menciona por los oficiales sionistas en el documental, existe el respaldo fílmico en videos reales ya difundidos en las redes sociales (dentro de los límites del algoritmo sionista), como los que he compilado yo mismo durante tres años en mi serie documental de quince capítulos "Genocidio en Gaza" (disponibles en este link: bio.site/ICCAHOPT_BRICS). Para cerrar, y justamente hablando del final, me sorprendió ver que Abraham y Szor eligieron cerrar su documental con el mismo clip que yo seleccioné para el cierre del segundo capítulo de mi serie antes mencionada, el de un hombre palestino devastado, llamando a gritos y entre llantos a sus hijos enterrados bajo cuatro pisos de escombros, que sin dudas es uno de los videos que más me ha tocado el corazón en este tiempo. Al finalizar la proyección, a sala llena, tuve que salir eyectado del asiento porque el silencio que se generó mientras transcurrían los créditos -y después de un tímido aplauso- me perturbó incluso más que la normalidad con la que, en el documental, se hablaba de matar mujeres y niños de a decenas: nadie quería ni respirar, como si no quisieran colaborar para hacer más pesado el aire de la sala.
Cine Cacodelphia agrega nuevas funciones para NAZA, que proyectará desde mañana, ya que vendieron todas las butacas para las funciones del fin de semana.
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The EU had months to identify solutions and implement them. Instead they sought to appease the predator-in-chief. And guess what? The only response was escalation. The era of the predators is also the era of the cowards. So now what? Continue to appease? “Negotiate”? Or take resolute actions, providing the ICC with the support it needs to continue its operations, such as alternative, Euro-only banking and payment systems that operate strictly in Euros and via European servers that would allow the EU to safeguard funding to the ICC, NGOs and all those cooperating with the Court? It has never been enough to simply declare, however emphatically, one’s commitment to international law and justice. One cannot compromise with or appease a predator, because either way we all end up on his menu.
EU Member States are serious about protecting the @IntlCrimCourt and a world governed by international law. In The Hague, I met ICC President Tomoko Akane to convey the EU’s strong support for the Court, its judges, and their work. The European Council has expressed its deep regret over the U.S. announcement to impose sanctions against the ICC and has urged to reverse them. The EU will use the next six months for dialogue, to find a solution and explore what more we can do to help the Court. The Sakharov Prize recognises the ICC’s vital work in giving victims of the gravest crimes a voice. The Court must remain able to pursue justice independently, free from pressure or intimidation.
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⚠️ Periodistas como Fidel Cano y María Elvira Samper, escritores como Piedad Bonnett y Ricardo Silva, y otros 95 representantes de la cultura, la educación y el empresariado firmaron un documento contra el uso de entidades públicas para promover el dogmatismo y las visiones únicas sobre las ciencias, las culturas y las artes. Esto dice el texto. 👇 f.mtr.cool/9y84mh3e11
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El control político es indispensable, pero la agresividad de ciertos concejales contra los funcionarios suele ser un medio retorcido de buscar visibilidad y, a veces, de mandar mensajes extorsivos. Frente a situaciones límite los alcaldes deben alzar la voz.
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Muy interesante el artículo de @mijalbitton que trae este post. De gran ayuda para entender la complejidad interna de Israel.
#EleccionesIsrael "Quienquiera que resulte electo el 27 de octubre tomará las riendas de una sociedad que mira mucho menos a Europa y se guía por sus propios reflejos mesoorientales en materia de defensa, solidaridad y tradición, al tiempo que recalibra cómo mantenerse anclada al mundo occidental". Esta otra lectura de las elecciones en Israel, publicada en el diario conservador The Wall Street Journal, desmantela nuestra lectura simplista sobre la política israelí —reducida a menudo al eje izquierda/derecha o al conflicto palestino-israelí— para revelar su fractura identitaria interna: Israel ha dejado de ser un proyecto culturalmente europeo para consolidarse como una nación netamente mesooriental. Para el sociólogo Mijal Bitton, la clave electoral en Israel está en que más de la mitad de la población judía de Israel es de origen mizrají (descendientes de comunidades del norte de África y Oriente Medio). Históricamente marginados por la élite asquenazí fundadora y laica, los mizrajíes han dejado de ser un mero grupo electoral para convertirse en el centro de gravedad cultural y político de Israel. La tesis central plantea que, gane quien gane, el instinto mizrají ya triunfó: una sociedad profundamente apegada a la tradición, escéptica de las soluciones liberales abstractas de paz y convencida de que su supervivencia depende exclusivamente de su propia fuerza militar. La contienda entre Netanyahu y Eisenkot no define si Israel será más o menos oriental, sino si ese realismo propio de Oriente Medio podrá coexistir con los contrapesos democráticos e institucionales heredados de Occidente. ---- El nuevo centro de gravedad de Israel Más de la mitad de los judíos de Israel descienden de países de Oriente Medio y el norte de África. Son la clave para entender el futuro de la nación. Por Mijal Bitton Gadi Eisenkot, el teniente general retirado que podría poner fin a casi dos décadas de Benjamin Netanyahu en el poder este 27 de octubre, recuerda que una personalidad de los medios le aconsejó basar su campaña en cómo sus padres se conocieron en una ma’abarah, uno de los campos de tránsito para inmigrantes judíos de la década de 1950. Había un solo inconveniente, relató Eisenkot: sus padres se conocieron en un kibutz. La figura mediática no ocultó su decepción: «Esa es una historia pésima». Para un estadounidense que sigue las elecciones, la anécdota resulta una curiosidad. Para un israelí, lo explica absolutamente todo. Las ma’abarot albergaron a buena parte de los cerca de 650.000 inmigrantes y refugiados judíos llegados desde todos los rincones del mundo árabe en los años posteriores a la independencia de Israel en 1948. El Estado los acogió al tiempo que los fundadores asquenazíes, de origen europeo y laicos, los miraban por encima del hombro. Para sus descendientes, conocidos como mizrajíes y que hoy representan más de la mitad de la población judía de Israel, la palabra evoca rescate y humillación en un mismo suspiro. Que un político le diga a los votantes que sus padres se conocieron en una ma’abarah es el atajo más rápido para decirles: «Soy uno de ustedes». La cobertura estadounidense de los comicios en Israel suele enmarcar el debate político en torno a Gaza, Irán, el conflicto con los palestinos, la suerte de la democracia liberal y Benjamin Netanyahu, cuya coalición es ampliamente señalada como la más derechista en la historia del país. Todo eso es cierto. Sin embargo, el electorado israelí conforma un ecosistema atestado: alrededor de una docena de colectividades con opciones reales de alcanzar curules, fragmentadas por religión y procedencia de origen, cada una con sus propias bases electorales y exigencias particulares. Hay un grupo humano que las atraviesa prácticamente a todas: los mizrajíes. Serán ellos quienes jueguen un papel determinante a la hora de inclinar la balanza en una de las elecciones más trascendentales de la historia reciente de Israel. Los dos principales aspirantes son Netanyahu y Eisenkot. Netanyahu es asquenazí: criado en Jerusalén, formado académicamente en los Estados Unidos e hijo de un reputado historiador de la Inquisición española. Su partido, el Likud, ha sido durante décadas el hogar político natural de los mizrajíes. Eisenkot, quien comanda la nueva colectividad Yashar, es hijo de inmigrantes marroquíes de extracción trabajadora. Los sondeos oscilan de forma pendular entre uno y otro. Pero sin importar quién se imponga, queda claro que los mizrajíes ya no son un mero caladero de votos al que cortejar; se han consolidado como el auténtico centro de gravedad del país y la clave para comprender a Israel. La historia que buscaba aquel analista mediático arranca mucho antes de los campos de paso. Los judíos habitaron Alepo y Fez durante más de un milenio; y se asentaron en Irak y Egipto por más de dos mil quinientos años. Con el auge del nacionalismo árabe, y muy en particular tras la fundación de Israel en 1948, las comunidades judías dispersas por el mundo árabe pasaron a ser sospechosas: una supuesta quinta columna al servicio de un Estado que jamás habían pisado. Lo que sobrevino varió según el territorio: violencia callejera y hostigamiento institucional en algunos; expulsiones directas y confiscación masiva de patrimonios en otros. A lo largo de las décadas de 1950 y 1960, la inmensa mayoría huyó o emigró hacia Israel, impulsada tanto por la persecución antijudía como por el anhelo de integrarse al naciente Estado judío. Todos los recién llegados afrontaron privaciones. No obstante, los mizrajíes permanecieron en los campos de tránsito por lapsos mucho más prolongados que los asquenazíes y fueron reasentados de manera desproporcionada en pueblos de desarrollo económicamente deprimidos: asentamientos apartados y marginados de los grandes centros urbanos. En la actualidad, la mayoría de los mizrajíes ha escalado hacia la clase media mediante formación universitaria y trayectorias profesionales consolidadas. Con todo, como explica el sociólogo Nissim Mizrachi, de la Universidad de Tel Aviv, los mizrajíes continúan sobrerrepresentados en la periferia social del país y subrepresentados en la academia y en los demás círculos de élite. Trazar fronteras identitarias tajantes tras tres generaciones de matrimonios mixtos entre mizrajíes y asquenazíes resulta engañoso, pero ciertas tendencias se mantienen constantes: los asquenazíes tienden a ser más seculares, más liberales y más individualistas; los mizrajíes son más apegados a la tradición religiosa, más patriotas y están más arraigados al núcleo familiar y comunitario. A pesar de la discriminación que padecieron en los primeros años, la gran mayoría de los mizrajíes se encuentra, tal como me señaló Mizrachi, «profundamente enraizada en una identidad judeoisraelí y profesa una lealtad inquebrantable hacia el pueblo judío y el Estado de Israel». El censo oficial no clasifica a los ciudadanos por origen étnico, de modo que el voto mizrají solo puede deducirse de los resultados en zonas con alta densidad de esta población. Pero desde que Menachem Begin quebró la hegemonía histórica del laborismo al conquistar el poder en 1977, han constituido la columna vertebral del Likud; y bajo el mando de Netanyahu, han permanecido firmes en esa orilla. Esa fidelidad partidista ha desconcertado por años a los analistas que interpretan la realidad a través del prisma racial estadounidense. La perplejidad solo surge si se da por sentado que un colectivo con un historial de discriminación abraza forzosamente causas progresistas. La mayoría de los mizrajíes no se percibe a sí misma como víctima oprimida. Lo que rechazan de plano es la condescendencia: muchos sienten que la derecha trata sus tradiciones con respeto, mientras que la izquierda los aborda como un problema social que debe ser modernizado. El gran interrogante es si Eisenkot conseguirá romper esa inercia. Sobre el papel, cuenta con las credenciales: nació de padres marroquíes y creció en un barrio humilde de Eilat, en el extremo sur de Israel. Escaló peldaño a peldaño en las filas militares, comandó la emblemática Brigada Golani y alcanzó la jefatura del Estado Mayor. En diciembre de 2023, su hijo menor, Gal, cayó en combate en Gaza. Un político estadounidense con semejante biografía estructuraría toda su narrativa de campaña a partir de ella: el barrio obrero, las barreras étnicas superadas, el ascenso por mérito propio. Eisenkot hace exactamente lo opuesto: le resta importancia a su ascendencia marroquí, sostiene que jamás experimentó discriminación alguna y prefiere hablar de esfuerzo personal y de una identidad israelí compartida. «El origen de una persona en el Estado de Israel no constituye una razón para elegirla como primer ministro», ha manifestado. Su campaña gravita en torno a la responsabilidad institucional: lucha frontal contra la corrupción, servicio militar o social obligatorio para todos y la conformación de una comisión estatal independiente que investigue los fallos del 7 de octubre. Bajo la óptica del estratega mediático, está contando una pésima historia. Determinar si ese enfoque lo perjudica depende de a qué sector mizrají se le pregunte. La discrepancia resulta más reveladora que la respuesta misma. Para muchos, su origen mizrají carece de relevancia. El electorado de este origen acumula un largo historial de no respaldar a candidatos por el solo hecho de compartir sus raíces. El laborismo aprendió esa lección por las malas con Amir Peretz y Avi Gabbai, ambos de ascendencia marroquí, quienes fracasaron en captar el voto mizrají en 2006 y 2019, respectivamente. La razón de fondo por la que el perfil de Eisenkot podría no rendir frutos electorales es que muchos mizrajíes desconfían profundamente de la izquierda en materia institucional, religiosa y de seguridad; y a Eisenkot lo asocian directamente con ese espectro. Muchos aún perciben que el aparato institucional forjado por los fundadores asquenazíes laicos —las cortes de justicia, la universidad, la prensa y la alta cúpula militar— los mira con desdén. Ello explica por qué la reforma judicial promovida por Netanyahu caló tan hondo en sus bases. Al carecer el país de una constitución escrita, la Corte Suprema ostenta facultades determinantes de control judicial, y el mecanismo de selección de sus magistrados se transformó en un campo de batalla. Para amplios sectores de votantes mizrajíes, el alto tribunal encarna el último fortín de la vieja élite asquenazí, con poder suficiente para invalidar las decisiones que ellos toman en las urnas. Eisenkot promete rendición de cuentas por los sucesos del 7 de octubre. Sin embargo, de acuerdo con Mizrachi, ciertos sectores derechistas mizrajíes no se oponen a que se realice una indagación imparcial, sino al procedimiento de designación que le otorgaría al presidente de la Corte Suprema la potestad de nombrar a los comisionados. La religión y la seguridad profundizan todavía más ese recelo. Estos electores interpretan a colectividades como Los Demócratas de Yair Golan —socio de coalición de Eisenkot— como hostiles hacia el hecho religioso, y temen que Eisenkot termine dependiendo de la bancada árabe Ra’am para gobernar, pese a sus reiteradas promesas en contrario. A su vez, tras el 7 de octubre dudan de que un gobierno de centroizquierda, o respaldado por fuerzas afines, cuente con la determinación necesaria para garantizar su seguridad. Para este segmento sólidamente anclado en la derecha, la verdadera contienda se libra al interior de la propia coalición de Netanyahu, advierte el sociólogo Nissim Leon, de la Universidad Bar-Ilan. Dicho espectro abarca a Shas, el partido ultraortodoxo sefardí, y a Otzma Yehudit, liderado por Itamar Ben-Gvir —de ascendencia kurdo-iraquí—, quien atrae a jóvenes mizrajíes desencantados mediante un discurso nacionalista estridente y calculado para provocar. En contraste, para Ophir Toubul, activista social y analista mizrají, las raíces marroquíes de Eisenkot sí poseen un peso real entre los sectores mizrajíes con mayor nivel educativo y movilidad social ascendente, particularmente aquellos que confían en las instituciones republicanas. «A ellos no los escuchará hablar de un Estado profundo», asegura. Podría tratarse justamente de los votantes que definan el resultado electoral: ciudadanos moderados, ubicados en el centro o centroderecha, abiertos a romper la disciplina de bloques. Miran a Eisenkot y, apunta Toubul, piensan dialna, expresión en árabe marroquí que significa «uno de los nuestros». Toubul calcula que, dentro de los 120 escaños de la Knéset, existe una representación equivalente a entre 10 y 12 curules correspondiente a familias mizrajíes en ascenso económico que hoy se sienten políticamente huérfanas. Eisenkot podría ofrecerles ese refugio. Los propios padres de Toubul, marroquíes de origen, y su círculo cercano, tienen decidido votar por él. Según Leon, lo que seduce a estos electores de centro y centroderecha no es tanto la pertenencia étnica del candidato como su trayectoria de vida: por encima de todo, su paso como comandante de la Brigada Golani, reconocida históricamente como una unidad de extracción popular y mizrají, y uno de los grandes motores de integración en las filas castrenses. Leon argumenta que la sintonía de Eisenkot con este grupo encarna también un voto de censura contra el statu quo: una sensación latente de que «las cosas se salieron de control» bajo el mando del oficialismo de Netanyahu. Con todo, el asunto que podría pesar con mayor fuerza es la exigencia del servicio universal —militar o social—, bandera que Eisenkot convirtió en el eje neurálgico de su discurso. La población mizrají profesa un arraigado sentido de pertenencia hacia las fuerzas armadas, y las exenciones masivas concedidas a las comunidades ultraortodoxas han agudizado las tensiones dentro del bloque de Netanyahu. Para una mentalidad que privilegia el deber colectivo, la familia y la comunidad, evadir el servicio constituye una traición a un compromiso que se asume compartido por todos. Quien se desentiende de las filas mientras el hijo de su vecino arriesga la vida en Gaza fractura el principio básico de la solidaridad moral. Eisenkot, un comandante que «proviene del pueblo» y que enterró a su propio hijo Gal, tiene la solvencia ética para sostener ese reclamo. Netanyahu, atado a los partidos ultraortodoxos para sostenerse en el poder, carece de margen para hacerlo. Con independencia de cuál de los dos se corone vencedor, los mizrajíes ya se alzaron con el triunfo cultural y político de fondo. Mi colega, el periodista Matti Friedman, califica a Israel como una «nación mizrají». A mi juicio, el fenómeno trasciende con creces la demografía, los ritmos musicales o la gastronomía que hoy dominan la cultura popular. Se trata de cómo el instinto mizrají impregna la totalidad de la sociedad, incluyendo a aquellos israelíes que no tienen una sola gota de sangre mizrají en sus venas: el escepticismo visceral frente a las grandes ilusiones liberales para la región; el apego a la tradición y a Dios aun sin profesar una observancia religiosa estricta; y la certidumbre de que los lazos familiares y comunitarios priman sobre el individualismo. En la seguridad es donde este rasgo aflora con mayor contundencia. El 7 de octubre, señala Leon, volvió a la sociedad israelí «más desconfiada y más conservadora». Como apuntó Amos Harel en Foreign Affairs, la inmensa mayoría de los judíos israelíes «no confía en los palestinos ni, en general, en sus vecinos del entorno árabe». En los Estados Unidos suele interpretarse este repliegue como una deriva antiliberal. Para muchas familias mizrajíes, no es otra cosa que memoria histórica viva. Buena parte del casi millón de judíos que habitaba en tierras árabes huyó, fue desalojada o formalmente expulsada, cargando a cuestas con la sensación de haber sido traicionada por vecinos que participaron en su desarraigo —o guardaron silencio cómplice— tras siglos de coexistencia pacífica. La masacre de la Farhud en 1941 en Bagdad, verbigracia, marcó el principio del fin para una comunidad de 2.600 años de arraigo. Una década más tarde, sus integrantes partieron despojados de prácticamente todas sus pertenencias materiales: a algunos «ni siquiera se les permitió llevarse consigo los retratos familiares», relata la periodista e investigadora cultural Eness Elias, tras recoger testimonios de sobrevivientes que recuerdan a las autoridades rasgando sus fotografías frente a ellos. La secuela de esa herida, añade Elias, es un recelo transmitido de generación en generación: los mizrajíes no albergan odio hacia los árabes —con quienes incluso sienten afinidad cultural—, pero jamás confiarán su supervivencia a la tutela de una mayoría musulmana. «Por esa razón sostienen que la existencia de un Estado judío, dotado de un ejército fuerte, resulta irrenunciable», afirma. Para este sector —y para la generalidad de los judíos en Israel— la matanza del 7 de octubre vino a ratificar una prevención endémica de Oriente Medio: la certeza de que la propia seguridad no puede delegarse en manos ajenas. Ese es el país que Eisenkot aspira a gobernar. Su impronta mesooriental ya no admite discusión. Lo que permanece bajo debate es el legado de su herencia europea: el andamiaje judicial, la prensa independiente, la casta militar erigida por los pioneros y los lazos históricos con Occidente. Paradójicamente, es el hijo de inmigrantes marroquíes, y no el asquenazí Netanyahu, quien hace hincapié en preservar ambas dimensiones. Reivindica la mano dura en defensa nacional y al mismo tiempo insiste en la necesidad de un Israel «judío, democrático y liberal». Eisenkot parece esbozar un modelo que conjuga el realismo descarnado propio de Oriente Medio con la fortaleza institucional de corte occidental, eludiendo los excesos de ambos mundos para rescatar lo mejor de cada uno. La capacidad de convencer a un número suficiente de electores de que ese equilibrio es sostenible marcará el destino de Israel mucho más allá de esta cita en las urnas. Un triunfo de Eisenkot desafiaría frontalmente la narrativa convencional que describe a Israel como un enclave colonial europeo en Medio Oriente; un primer ministro con su trayectoria vital difícilmente encajaría en ese molde. Una victoria de Netanyahu, apalancada por el respaldo del voto mizrají, tampoco calzaría con dicha etiqueta, un matiz que la gran mayoría de los críticos de Israel suele pasar por alto. Quienquiera que resulte electo el 27 de octubre tomará las riendas de una sociedad que mira mucho menos a Europa y se guía por sus propios reflejos mesoorientales en materia de defensa, solidaridad y tradición, al tiempo que recalibra cómo mantenerse anclada al mundo occidental. Quienes desde el exterior reducen el análisis a la figura de Netanyahu y la tragedia de Gaza debaten sobre un Israel que existe principalmente en su imaginación. El país real ya es mucho más mizrají de lo que alcanzan a dimensionar.
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Por favor escuchar las declaraciones de la defensora del pueblo 👇
La Defensoría del Pueblo rechazó lo que llamó una "campaña de desprestigio y desinformación" contra la magistrada de la JEP Julieta Lemaitre Ripoll y advirtió sobre expresiones de violencia de género y ataques a la independencia judicial. La defensora, Iris Marín, pidió a los congresistas María Clara Posada y Germán Rodríguez rectificar las afirmaciones sin sustento y evitar difundir contenidos descontextualizados. Aseguró, además, que el debate sobre la JEP y sus resultados debe darse con argumentos e información verificable, sin ataques personales ni estigmatización. #VocesySonidos
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בצלם קורא בדחיפות לקהילה הבינלאומית, לממשלות ולמוסדות בינלאומיים לפעול מיד, בכל האמצעים העומדים לרשותם לפי המשפט הבינלאומי, כדי לעצור את מסע הטיהור האתני שישראל מנהלת בחברון ולמנוע עקירה בכפייה של אזרחים פלסטינים, ענישה קולקטיבית והרס נרחב ובלתי חוקי. מנהיגי ישראל מכריזים בגלוי על כוונותיהם, והצעדים בשטח כבר החלו. בעקבות אירוע הירי סמוך לחברון ב־23 באוקטובר, שבו נהרגו שני חיילים ישראלים, הודיעו ראש הממשלה בנימין נתניהו ושר הביטחון ישראל כ״ץ בגלוי על תוכניות לעקור בכפייה תושבים פלסטינים מבתיהם ולבצע הרס נרחב באזור. בהצהרתו אמר נתניהו: ״ניישם בערים את המודל ההתקפי המוצלח שהפעלנו במחנות הפליטים״. אותו מודל כבר הוביל לעקירתם של יותר מ־33 אלף פלסטינים במחנות הפליטים בצפון הגדה המערבית. כעת, מנהיגי ישראל מאיימים להחיל את אותה מדיניות של עקירה המונית והרס גם בחברון. והצעדים בשטח כבר החלו. כוחות הצבא הטילו כתר על חברון וחלחול, בעוד שהמנהל האזרחי החל להרוס מבנים פלסטיניים בשכונת פרש אל-הווא. במקביל, הודיע השר בצלאל סמוטריץ׳ על הקמת ארבעה מאחזי חווה חדשים בדרום הר חברון. מנהיגי ישראל מכריזים בגלוי על תוכניות לענישה קולקטיבית ולמעשים שעלולים להוות פשעי מלחמה. תוכניות אלה מהדהדות את הפעולות ההרסניות שביצעה ישראל במסגרת הג׳נוסייד בעזה, ומהוות הסלמה נוספת במסע הטיהור האתני ובפרויקט המחיקה שהיא מקדמת בגדה המערבית: פירוק שיטתי של הקיום הפלסטיני הקולקטיבי, תוך הרחבת ההתנחלויות וביסוס שליטה ישראלית קבועה. העולם אינו יכול לעמוד מנגד בזמן שישראל ממשיכה במתקפתה על הפלסטינים, ולהמתין עד ששכונות נוספות יתרוקנו מתושביהן ויימחקו, למרות מה שכבר ראינו בעזה ובצפון הגדה המערבית. ממשלות ומוסדות בינלאומיים חייבים לפעול עכשיו כדי למנוע את הפשעים האלה ולהגן על האוכלוסייה הפלסטינית.
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La limpieza étnica de Cisjordania ya ha empezado: 20.000 personas son expulsadas de sus viviendas en Hebrón para ser demolidas por el ejército israelí. Pronto las mismas escenas se repetirán en otras ciudades. Dónde está la UE?
הלילה בחברון וברחבי הגדה המערבית, תושבים נשים וילדים הוצאו מביתם. ככה לא נראית מלחמה למיגור הטרור. ככה נראה טרור.
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El alcalde de Nueva York, @ZohranKMamdani, se convierte en la esperanza de miles de migrantes en Estados Unidos víctimas de Trump y su perverso ICE. Además, lo hace en español para que los suramericanos lo entiendan bien. Un oasis ante tanta perversidad.
If you encounter ICE, here's what every New Yorker should know.
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Chere Madame Kadja, l’Union Europenne a disposé de plusieurs mois pour identifier des solutions face aux sanctions americaines de la CPI, et les mettre en œuvre. Au lieu de cela, elle a cherché à apaiser le « prédateur en chef ». Et devinez quoi ? La seule réponse a été une escalade. L’ère des prédateurs est aussi celle des lâches. Alors, que faire maintenant ? Continuer à chercher l’apaisement ? « Négocier » ? Ou bien prendre des mesures qui s’imposent, en apportant à la CPI le soutien nécessaire à la poursuite de ses activités — par exemple, en mettant en place des systèmes bancaires et de paiement exclusivement européens, fonctionnant uniquement en euros et via des serveurs situés en Europe, ce qui permettrait à l’UE de garantir le financement de la CPI, des ONG et de tous ceux qui collaborent avec la Cour ? Il n’a jamais suffi de proclamer, avec force, son attachement au droit international et à la justice. On ne peut ni faire de compromis avec un prédateur, ni chercher à l’apaiser ; car, dans les deux cas, nous finissons tous par figurer à son menu.
EU Member States are serious about protecting the @IntlCrimCourt and a world governed by international law. In The Hague, I met ICC President Tomoko Akane to convey the EU’s strong support for the Court, its judges, and their work. The European Council has expressed its deep regret over the U.S. announcement to impose sanctions against the ICC and has urged to reverse them. The EU will use the next six months for dialogue, to find a solution and explore what more we can do to help the Court. The Sakharov Prize recognises the ICC’s vital work in giving victims of the gravest crimes a voice. The Court must remain able to pursue justice independently, free from pressure or intimidation.
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B’Tselem urgently calls on governments and international institutions to act now, using all means available under international law, to prevent the forcible displacement of Palestinian civilians, collective punishment and extensive unlawful destruction in Hebron. Israeli leaders are openly declaring their intentions, and actions on the ground have already begun. Following the shooting near Hebron on 23 October, in which two Israeli soldiers were killed, Prime Minister Benjamin Netanyahu and Defense Minister Israel Katz openly announced plans to forcibly displace Palestinian residents and carry out extensive destruction in the area. In a statement, Prime Minister Benjamin Netanyahu declared: “We will apply in the cities the successful offensive model we implemented in the refugee camps.” That same model has already displaced more than 33,000 Palestinians in the northern West Bank. Now, Israeli leaders are threatening to bring the same mass displacement and destruction to Hebron. Implementation has already begun. Israeli forces imposed a cordon on Hebron and Halhul, while the Civil Administration began demolishing Palestinian structures in the neighborhood of Farsh al-Hawa. At the same time, Minister Bezalel Smotrich announced the establishment of four new settlement farming outposts in the South Hebron Hills. Israeli leaders are openly announcing plans for collective punishment and acts that could constitute war crimes. These plans echo Israel’s devastating operations as part of the genocide in Gaza and mark a further escalation of its ongoing campaign of ethnic cleansing as part of the Elimination Project in the West Bank: the systematic dismantling of Palestinian collective life while expanding settlements and entrenching permanent Israeli control. The world cannot stand by as Israel continues its assault on Palestinians, waiting for yet more neighborhoods to be emptied and erased before intervening, despite what we have already witnessed in Gaza and the northern West Bank. Governments and international bodies must act now to prevent these crimes and protect Palestinian civilians.
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Apoyo total a quienes defienden la misionalidad de la @BibliotecaNalCo, es decir a los manifestantes.
#LaSillaEnVivo | Al menos unas cien personas protestaron frente a la Biblioteca Nacional por la gestión de @yuyadaza y la cancelación del Congreso de Bibliotecas Públicas. 📚 📢Reclaman también dos meses de sueldo atrasados a funcionarios de la Red. lasillavacia.com/en-vivo/esm…
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